Cómo llegar a ser una madre resiliente

 Cómo llegar a ser una madre resiliente
Cómo llegar a ser una madre resiliente

¿Cómo llegar a ser una madre resiliente? En el post de hoy vamos a tratar de contestar a esta pregunta. La Resiliencia se ha puesto de moda, no obstante, es una herramienta de supervivencia que ha existido siempre.

Mi madre ha sido una mujer resiliente toda su vida aunque ella no sepa el significado de esta palabra ni le importe. Su actitud positiva y su forma de encarar el día han sido un ejemplo constante para mí. Nunca se ha rendido ante las adversidades y siempre ha visto el lado positivo de cada una de las situaciones a las que ha tenido que enfrentarse en su vida.

Sé que su influencia ha sido muy positiva para mí, al igual que otros factores que han determinado que hoy sea una madre resiliente, que cree en sus capacidades y que es capaz de enfrentarse a las dificultades con una sonrisa.

Me he enfrentado a muchas situaciones en mi vida que han puesto a prueba mi Resiliencia y de todas ellas he salido fortalecida, entre ellas un Arnold Chiari de tipo I, mis problemas de fertilidad, mi lucha para no parir por cesárea a mi hijo o mis problemas con la lactancia.

Te animo a leer Yo parí con un Arnold Chiari y Así logramos el enganche al pecho a las tres semanas de nacer. Estos dos post son dos capítulos de mi historia, en ellos la Resiliencia cobra un papel determinante.

¿Cómo llegar a ser una madre resiliente?

La Resiliencia puede hacer mucho por nosotras desde cualquier punto de vista. Seas madre o no, ser resiliente te prepara para encarar los contratiempos con una actitud positiva. Esto nos anima a luchar a buscar soluciones por nosotras mismas en todos los ámbitos de la vida.

Se trata de una virtud universal íntimamente ligada a nuestra supervivencia. En ella encontramos elementos biológicos, psicológicos y sociales. No es un atributo excepcional restringido, cualquier persona puede llegar a ser resiliente si entrena su capacidad de logro, aumenta su autoestima y e inicia un camino hacia la introspección.

Una de las cosas que más me fascinan de la Resiliencia es que nos ofrece la posibilidad de cambiar, de crecer y de evolucionar. Se trata de un instinto de supervivencia que todos tenemos y que nos impulsa a buscar la mejor solución. Por supuesto, la Resiliencia se entrena, implica un proceso de crecimiento personal. Quizás nunca te lo planteaste pero ahora que ya eres madre es el mejor momento para ponerte en marcha.

Es evidente, si queremos tener hijos resilientes tenemos que serlo nosotras primero.

¿Qué es la resiliencia?

El concepto proviene del campo de la física. Puede definirse como la capacidad de algunos metales para chocar con otros sin fracturarse o partirse.

En la década de los 50, hace ya bastante más de medio siglo empezó a estudiarse este concepto aplicado al campo de la psicología. Los padres de la resiliencia son: Michael Rutter a quién le debemos el concepto y a Boris Cyrulnik que con su ensayo Los patitos feos: la resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida, sienta las bases de lo que será la Resiliencia.

La Resiliencia se define como la capacidad para superar las dificultades o los obstáculos de la vida sin quedarse anclada en el sufrimiento o en el dolor. La habilidad para salir con éxito de esa vivencia y sentirnos fortalecidas.

Esta definición no implica que no haya dolor, ni sufrimiento al enfrentarnos a una situación desagradable o a un problema de difícil solución. Claro que hay sufrimiento, pero tras una etapa de parálisis o de bloqueo la persona es capaz por sí misma de salir con éxito de esa vivencia y superarla. En ocasiones, por que ha vencido la enfermedad, por ejemplo, un cáncer; en otras porque ha aceptado y se ha reconciliado con aquello que no puede cambiar, la enfermedad crónica, por ejemplo.

Una infancia infeliz no determina el futuro

Los trabajos de Emmy Werner y Ruth Smith, dos psicólogas especializadas en el desarrollo infantil, marcaron un antes y un después en el concepto de la Resiliencia humana. Sus primeras investigaciones empezaron con niños pequeños, analizando su entorno y determinando factores de riesgo que podían predecir su inadaptación en la vida adulta. La gran sorpresa fue que un buen número de estos niños desfavorecidos y en riesgo se convirtieron en adultos perfectamente integrados en la sociedad y con una vida feliz.

Durante mucho tiempo se pensó que estos niños eran excepcionales, que estaban hechos de una pasta especial que los hacia invulnerables a la desgracia. Más tarde, se descubrió que no eran tan excepcionales, sino que habían desarrollado una serie de capacidades normales que les habían protegido del infortunio.

Una de las características que les había protegido era la capacidad de establecer vínculos afectivos con adultos de su entorno. El hecho de sentirse queridos, aunque solo fuese por una persona, fuese un solo progenitor, un cuidador o un profesor había tenido un efecto tan positivo que había contrarrestado el resto de factores negativos.

Estas investigaciones abren una puerta a la esperanza y nos alejan del determinismo. Por duras que sean las circunstancias en las que un niño se cría o sale adelante existe una posibilidad de que pueda desarrollarse de una forma sana. Por complicada que haya sido tu vida de niña, puedes y debes cambiar tu destino.

La fragilidad humana

Cuando más duro es un material más frágil es en realidad ya que es más fácil que se fracture. Cuanto más rígidos sean nuestros esquemas de pensamiento más difícil será para nosotras adaptarnos a una situación o buscar una solución creativa a un problema. La rigidez juega en nuestra contra.

La rigidez nos hace frágiles como a algunos metales y es necesario romper con ese agarrotamiento para encarar la vida de una forma más flexible. Debemos aceptar que el mundo está en constante cambio, al igual que las personas. El cambio es adaptativo y necesario para evolucionar.

Ni podemos quedarnos anclados en el pasado, ni podemos añorar lo que ya no puede volver a ser. Somos seres frágiles en tanto que estamos en este mundo por un tiempo limitado aunque vivamos para una falsa eternidad.

La adversidad es parte de la vida

La adversidad es parte de la vida, aunque en el mundo superfantástico y seguro en el que vivimos traten de convencernos de lo contrario. Los anuncios de coches redundan en la seguridad de conducir una máquina perfecta. No tendría mucho sentido vender el coche junto con las estadísticas de siniestralidad de cada modelo. Más de un comprador convencido cambiaría de opinión.

 Con la maternidad sucede algo muy similar. Esperamos al bebé sonrosado y dormilón que hemos visto cientos de veces. Luego la realidad, es la que es, nuestro bebé es más bien delgado, le cuesta coger peso y no duerme apenas. Adiós bebé del Corte Inglés, Bienvenida al mundo real.

Una madre puérpera alterada por las hormonas del parto debe enfrentarse a retos desconocidos. Entre ellos la demanda las 24 horas del día del bebé, la falta de descanso y el llanto inconsolable de su hijo.

En realidad, somos nosotras las que lloramos porque nos sentimos perdidas y profundamente solas, enfrentadas a una situación que añorábamos pero que en muchos momentos nos supera. Por suerte, esta situación de caos dura unas cuántas semanas hasta que empezamos a amoldarnos a la nueva situación y vamos estableciendo los lazos afectivos con nuestros hijos.

La lactancia es un reto que puede ser más o menos asequible en función de una serie de factores como el tipo de parto, la edad gestacional de nuestro bebé, si somos primerizas o no, etc. Una madre reciente tendrá que poner a prueba toda su Resiliencia para conseguir una lactancia exitosa. Porque en los libros de lactancia que leíste y en las charlas que escuchaste antes de parir nadie hablaba de dificultades y dar el pecho era tan sencillo como prepararse un café.

Conseguir lactar a tu bebé se convierte en un objetivo que será más fácil si tengo entrenada mi capacidad de logro. Yo lo viví en mis propias carnes y fue gracias a mi voluntad y esfuerzo que conseguí dar el pecho a mi hijo. No lo hubiese logrado sino hubiese confiado en mí y no hubiese sido resiliente.

Los lazos afectivos fuertes nos hacen resilientes

Por supuesto, no lo logré sola, si mi pareja no hubiese estado a mi lado no lo hubiese conseguido. Sin personas en mi entorno como mi matrona, mi asesora de lactancia o mis amigas el camino hubiese sido más difícil y es posible que hubiese podido desesperarme en más de un momento.

Las personas resilientes piensan en los demás, los tienen presentes y tratan de ayudarlos en lo que pueden. Por supuesto, esto supone un enorme ejemplo para sus hijos. Mi madre todavía recuerda aquella lavadora que compró con unos ahorros y en la que permitía que  lavasen la ropa todas sus vecinas. Eran otros tiempos, tener una lavadora era entonces todo un lujo. Ninguna podía comprar una lavadora y a mi madre le daba pena verlas lavar a mano todos los días, así que decidió compartir la suya durante años. Este gesto generoso la convirtió en alguien muy querido y valorado en su comunidad.

Las madres resilientes no solo refuerzan sus lazos con las personas de su entorno, lo hacen en especial con sus hijos. En primer lugar, por medio del cariño. Se dejan llevar por su instinto y besan y abrazan a sus hijos todo lo que sea necesario o lo que a ellas les apetezca.

No piensan que el amor daña, sino que apuestan por el amor incondicional sin reservas.

Demostrar el amor es adaptativo

En más de una ocasión me han preguntado si hay algún problema por besar o abrazar a nuestros hijos constantemente. Si no les molestamos con tanto achuchón o demostración cariñosa. Y siempre respondo lo mismo, tu instinto es quien te habla y quien te dice que abraces que beses y que acaricies. ¿Por qué escuchar otras voces distintas a la tuya? ¿Por qué no creer en ti y en lo que sientes?

Somos una especie como millones de años de vida, los instintos siguen siendo muy poderosos, si hemos sobrevivido como especie durante tanto tiempo no será porque dejáramos a nuestros niños llorar, ni porque los dejásemos durante horas en una cuna. De hecho, adaptativamente hubiese sido la opción menos inteligente ya que un depredador podría atacar a nuestro bebé.

No tenemos más que observar a otro mamífero, como se ocupa de sus crías, como no se separa de ellas.  ¿Por qué entonces vemos normal no coger a los niños en brazos? Por supuesto, nuestro bebé no está preparado para entender que ha llegado a un mundo seguro, su respuesta adaptativa es la de alerta y temor cuando su figura de apego no está presente. Mamá es seguridad, ausencia de mamá es angustia. Es simple y adaptativo.

Por eso debemos mantener la conexión emocional  con nuestros pequeños y demostrarles el cariño incondicional. No hay nada que calme más a un bebé que una caricia o que un abrazo. Pero no solo a un bebé también a un niño, a un adolescente o a un adulto. Menospreciamos el valor del cariño y desde luego no hay motor más poderoso para mover nuestra voluntad y obtener alivio y consuelo.

Así que besa y abraza a tus hijos, el amor no malcría. Lo que daña es la indiferencia y la frialdad. Si les demuestras amor incondicional, les hará resilientes.

Escucha a tus hijos

Los lazos afectivos también se refuerzan escuchando y acompañando a nuestros hijos en sus diferentes etapas o procesos vitales. La escucha activa es tan poderosa que hace los problemas parezcan menos graves al verbalizarlos. ¿No te ha pasado a ti alguna vez? Has formulado el problema ante alguien y de pronto das con la solución.

Escuchemos lo que tienen que decirnos y no devaluemos sus palabras porque sean niños. De hecho, los niños son capaces de enfrentarnos directamente con nuestras contradicciones con una inocente pregunta o un simple comentario. Escúchalos hoy y siempre, tienen importantes lecciones que darnos.

Un niño que es escuchado es un niño con autoestima. Siente que es valorado, que su opinión es válida. Esto le hará resiliente, ya que sabe que puede hacerse escuchar.

La autorregulación emocional

También para criar hijos resilientes es importante aprender a regularse emocionalmente. Si nosotras somos capaces de autorregular nuestros sentimientos y ponerles nombre a nuestras emociones es mucho más fácil gestionar situaciones inesperadas o sobrevenidas.

Por supuesto, la autorregulación supone hacer un trabajo personal, implica una introspección, un trabajo de conocernos a nosotras mismas. Este proceso es fundamental para ayudar a nuestros hijos a identificar sus sentimientos y a autorregularse emocionalmente.

Yo te animo a que inicies este camino.  Implica conectar con nuestras emociones y pararnos a reflexionar sobre lo que nos ocurre. En ocasiones, esa conexión será dolorosa ya que nos encontraremos con emociones disfóricas o desagradables que no queremos encarar porque nos dan una visión de nosotras mismas que no nos gusta o simplemente nos duele.

Sin embargo, la autorregulación te ayuda a conocerte a ti misma pero también te va a dar una nueva perspectiva de tus hijos. Cuanto mejor te conozcas a ti misma mejor conocerás a tus hijos. Recuerda que sus padres son su principal modelo y referencia.

Yo te animo a que investigues sobre ti misma, porque te enfadas en determinadas situaciones, porque te ofendes ante determinadas palabras o porque te sientes profundamente triste ante una determinada situación en la que eres una simple espectadora. Pregúntate que teclas estás tocando y descubre dónde te llevan

Crea un entorno cálido

Las personas resilientes son especialistas en crear un clima agradable, en conseguir que estés a gusto en cualquier circunstancia. Una madre resiliente es consciente de que crear un entorno seguro y tranquilo para sus hijos es lo mejor para que crezcan de una forma equilibrada y sana.

Y de hecho, hace todo lo posible porque ese clima favorable sea la norma y no la excepción.

En un entorno tenso en el que constantemente las personas se recriminan cosas o están constantemente a la defensiva se establecen dinámicas tóxicas en las que se grita o se pierden los papeles con facilidad. Por supuesto, que hay momentos de tensión en toda convivencia y en la vida, pero la forma de enfrentarnos a ellos es lo que marca la diferencia entre un entorno armónico y un entorno desestabilizador.

Nuestro modelo de afrontamiento

No planteo un mundo ideal en el que no surgen problemas o adversidades, la vida no es un cuento de princesas de Disney. Lo importante es cómo nos enfrentamos a esas dificultades, esa es la clave.

Una misma situación podemos encararla de diferentes formas: enfrentar la situación directamente y buscar opciones; posponerla hasta nueva orden, lo que suele convertir un problema pequeño en un problema relativamente grande; negarla directamente, lo que toda la vida se ha llamado, tapar el sol con un dedo; o incluso rendirnos ante ella y pensar que no tiene solución.

De todas ellas, solo en el primer caso aplicaríamos la Resiliencia, ya que la persona ha tomado el control de la situación y ha decidido conscientemente buscar alternativas posibles.

La forma en que afrontemos los problemas la aprenderán nuestros hijos de nosotros. Por tanto, cuando resolvemos un problema o afrontamos un contratiempo de forma resiliente estamos haciendo mucho más que todo eso, estamos proporcionándoles una enseñanza sobre la Resiliencia que va más allá de la resolución de un problema.

La actitud positiva y el sentido de humor

¿Cómo quieres que te recuerden tus hijos? Esta es una pregunta que toda madre debe hacerse en algún momento de la vida.

Seguro que no quieres que piense en ti como una persona que estaba constantemente enfadada o que era incapaz de resolver un problema. O que te recuerde como alguien triste o resentido con la vida.

Es un hecho que nos acercamos a las personas que nos transmiten positividad, que sonríen y con las que el trato es agradable y fácil. Por el contrario, nos alejamos de aquellas personas que se quejan constantemente y que siempre están enfadadas.

Tener una actitud positiva nos hace sentirnos más optimistas y nos conecta a los demás. Nos ayuda a establecer unos lazos afectivos sanos y fuertes con nuestros hijos. Está demostrado que las personas más optimistas se valoran mejor así mismas, recuerdan sus logros del pasado y tienen mayor esperanza en el futuro.

Íntimamente ligado a la actitud positiva encontramos el sentido de humor. Se trata de un ingrediente vital para encarar la crianza de nuestros hijos, sobre todo en momentos en los que nos sentimos muy cansadas mental y físicamente.

Disfrutar de un momento inesperado de diversión que nos arranca una sonrisa o una carcajada nos puede ayudar a relajarnos y a sobrellevar una situación delicada. Los niños son muy divertidos y en muchas ocasiones, nos hacen reír con sus ocurrencias o sus comentarios ingeniosos. Son esos ratos los que nos hacen felices y nos reconcilian, a veces, con nuestras contradicciones vitales.

En definitiva, ser una madre resiliente, depende única y exclusivamente de ti, de tu propósito en la vida y de los valores que quieras inculcarles a tus hijos. Podemos no haber nacido con esta capacidad desarrollada, pero tenemos toda una vida para desarrollarla y aprender a ser felices a pesar de los obstáculos.

Me encantaría que me contases si piensas que eres una madre resiliente y si estás dispuesta a ser más resiliente a partir de hoy.

No me gustaría despedirme sin invitarte al I Congreso Virtual Maternidad Feliz-Crianza Respetada, tengo el honor de ser una de las ponentes del evento. Mi charla versará precisamente sobre este tema: la Resiliencia humana: el arte de vencer obstáculos.

Me haría muy feliz que te suscribieses y vieses la clase que he preparado con todo mi cariño. El evento es completamente gratuito y además de mi ponencia encontrarás a otras 14 profesionales que hablarán sobre temas de crianza y maternidad.

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10 comentarios en “Cómo llegar a ser una madre resiliente

  1. Totalmente acuerdo, creo que a pesar de las adversidades y problemas que podemos tener como madres debemos tener el poder de enfrentarlos y hacer lo mejor para nuestros hijos, no siempre es fácil porque ya como adultos nos enfrentamos a problemas de grandes, sin embargo debemos buscar una manera para que esos problemas no afecten a nuestros hijos. Requiere mucho poder, pero vale la pena, afortunadamente hasta ahorita ser madre para mi ha resultado un camino bastante calmado, pero me siento preparada si tengo que enfrentar algún problema, el vínculo que tengo con mi hija es lo suficientemente fuerte para seguir manteniéndolo 🙂

  2. Me encanta que hables de este tema, es muy cierto. La maternidad al inicio puede ser y parecer complicada pero es parte también de la formación cómo madres que vamos teniendo.
    Yo no sabía que eso tenía un nombre hasta hace poco, me gusta mucho porq hay una fábula que habla de el junco, no puedo recordarla del todo, cuando yo era niña leía muchas fábulas, me encantaban. Pero es sobre ese tema, de doblarse ante la adversidad pero volver a erguirse y resistir el embate del viento para continuar de pie.

  3. ¡Hola!
    No sabes lo identificada que me he sentido contigo nada más empezar a leer el artículo.
    Mi madre también ha sido y es una madre resilente, y a ella, como a la tuya, creo que ni sabe ni le importa lo que es esa palabra, pero sí ha sabido inculcarme la resilencia desde bien chica sin ella saberlo.
    En todo en la vida, incluida la maternidad (aunque no la he vivido en mis carnes), pueden ir surgiendo adversidades, complicaciones, e incluso podríamos llamarlos retos que superar, y lo importante es no bajar la guardia, saber que podemos superarlo todo siempre y cuando mantengamos nuestra mente y voluntad en modo “positivo”. Cierto es que a veces cuesta, como no, pero la vida va de eso ¿no es verdad? Superación pura y dura.
    A destacar del post la autorregulación emocional.
    Como siempre, un placer leerte.
    Besotes

  4. Es cierto que las dificultades son parte del día a día y sobreponernos a ellas es señal de crecimimento como persona. Yo he tenido que aprender a golpes a ser resiliente. A veces no queda otra opción si quieres llevar una vida mentalmente saludable. De vez en cuando me gana la depresión, pero siempre logro salir de ella lo más rápido posible. Creo que ser resiliente es un proceso que lleva tiempo porque no es fácil dependiendo a lo que nos enfrentemos, pero se puede lograr. Tus consejos son muy buenos y seguro ayudarán a muchas personas. Saludos.

  5. Es una gran encrucijada, seguir siendo o intentando ser madre sin que los problemas del crecimiento y desarrollo de tus hijos te afecten. Cuando son niños, es más fácil, cuando entran en la adolescencia, la tarea se complica bastante porque ellos están afirmando su carácter y nosotros, ya venimos de vuelta de todo. Hay que armarse de paciencia, para que el vínculo no se estropee y que nadie salga dañado en el proceso. Los jóvenes en España, son muy diferentes a los jóvenes de latino América por ejemplo y es que también, los tiempos han cambiado. Cada familia es un mundo, cada niño o joven también, creo que hay que ir paso a paso y afrontando todo con cariño.

  6. Me ha gustado mucho este post, no soy mami pero entiendo lo dificil que llega a ser hacer bien las cosas y sobre todo hacer lo mejor para nuestros hijos sin llegar a perjudicarles ni lo más minimo que eso entiendo que puede ser lo más complejo de todo.

  7. Te confesaré que no soy de todo al cien por cien resiliente, según las circunstancias hay cosas que me superan pero a la larga vuelvo a la lucha, aunque creo que tengo que adoptar mas esta forma de vida, porque es necesaria sobre todo porque tenemos que enseñar a nuestros peques a que todo tiene solución y si no es así podemos crearla.

  8. ¡Hola, Rosa!
    En primer lugar me gustaría decirte que me ha encantado este post. Todavía no soy madre pero creo que no se me olvidarán estas pautas para llevarlas a cabo cuando lo sea. Desde mi punto de vista, creo que has tocado varios puntos claves a nivel educativo (que es mi área :D). El primero es que la adversidad está presente en la vida. No podemos decirles a los peques que todo es fantástico y maravilloso porque realmente no lo es.

    Les estaríamos mintiendo innecesariamente. Personalmente, creo que es mejor enseñarles herramientas y estrategias para que ellos en un futuro se enfrenten a los problemas y a situaciones complicadas de la mejor posible (siempre desde la empatía). Por otra parte, la escucha activa es fundamental. En muchas ocasiones, hay padres que me han dicho: “mi hijo no deja de sorprenderme cuando le escucho”. Pero es que ese “cuando le escucho” no debería ser algo inusual.

    La inteligencia emocional es fundamental para todos los hechos de nuestra vida (así que supongo que para la maternidad también). Aprender a gestionar las emociones, entenderlas y regularlas en muy importantes a la hora de enfrentarnos a nuestro día a día. Y por supuesto, intentar comprender las emociones y sentimientos de los demás nos hará ser más sensibles.

    ¡Un placer haber leído este post! 🙂

  9. Es cierto aquello que dices que la adversidad a veces es una constante en nuestras vidas y si detectamos eso desde temprano en nuestras vidas mucho mejor porque la afrontaremos con mayor determinación, una madre risilente puede trasmitir a sus hijos esa actitud frente a la vida, no es bueno criar a los hijos en una especie de burbuja de mundo ideal porque un día tendrán que enfrentarse al mundo y es mejor estar preparados para salir airoso de las diferentes situaciones a la que la vida nos enfrente.

  10. Creo que ya te lo he comentado en alguna otra ocasión, no soy mami pero casi siempre que te leo puedo extrapolar tus ideas para la vida diaria. Contar con apoyo es siempre necesario, ya que la vida solo es un camino de rosas en las películas y hay que ser resilente y saber fortalecerse ante la adversidad, saludos!

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