UN DUELO SILENCIADO

Pérdida perinatal
Un duelo silenciado

He tocado tus lágrimas con dedos invisibles para consolarte.

 

       Sé que piensas en mí a menudo, durante el día, durante la noche, en tus sueños, al entrar a un cuarto vacío, sabiendo que nunca estaré allí contigo.

 

Tú que sin ningún egoísmo me diste tanto de ti misma. En lo más íntimo de tu ser creaste un mundo especial para mí. Un mundo de alegría, de amor y también de tristeza y de dolor. Todo lo que una persona puede sentir lo compartiste conmigo.

 

 Y aunque nunca podré sentirme arrullado en tus brazos, ya sentí el latido de tu corazón como una canción de cuna y tu espíritu dándome un lugar seguro, protegiéndome y preparándome para lo que vendría después.

 

Pero a veces el viaje de la vida separa a las almas. Y es verdad, tuve que irme a otro lugar. Ojalá hubiera podido quedarme, ojalá hubiera sido una decisión que tú o yo hubiéramos podido tomar.

 

        Quiero que sepas que dónde estés, siempre estarás conmigo. Tu amor fue el primero para mí, la primera alegría, y también tu alma, la primera que por siempre conoceré.

 

        Tú me has dado el valor y el ánimo para continuar mi viaje. Espero poder hacer lo mismo por ti

 

        El latido de tu corazón siempre me lleva hacia ti.

Autor: anónimo.

Tengo el placer de presentaros a Nora Cairo. Una gran mujer y una gran profesional que hoy nos visita para compartir con nosotras sus conocimientos y experiencia tratando con mujeres que sufrieron la temprana muerte de sus hijos o antes de nacer o poco después del parto.

Gracias, Nora, por darle voz a tantas madres que aún sufren y por ayudarnos al entorno más cercano a apoyar a esas madres desoladas por la pérdida.

Nuestra invitada es psicóloga clínica, doctorada en relaciones de género. Toda su trayectoria profesional ha estado centrada en ayudar a las mujeres a conocerse mejor, a entenderse, cuidarse y legitimarse. Aunque actualmente su página está actualizándose, a través de este link puedes visitar su web.

Y ahora sí, os dejo con ella y con su sabiduría:

La muerte sigue siendo un tema tabú, por el miedo y la tristeza que nos produce, pero cuando se habla de la muerte de un hijo las emociones son devastadoras.

Vivir la pérdida de un bebé en las etapas finales del embarazo, durante el nacimiento o en las primeras horas de vida, hace que el vacío, el aislamiento y la desolación se hagan presentes.

Nos encontramos con una madre que está inmersa en un proceso de extrema sensibilización, la naturaleza la fue preparando para conectarse con un ser que se comunica de forma muy primaria.

La supervivencia del niño depende de la capacidad de la madre para entender sus necesidades.

Cuando sucede la pérdida del hijo, hay una mamá extremadamente sensibilizada, para quién el dolor es inmenso, y  un entorno que, por lo general, no le sostiene emocionalmente como ella necesita.

Muchas veces, lo que está presente es el “Acto Médico” que se ocupa de determinar el motivo de la muerte del niño y que pone el foco en que la madre se recupere físicamente.

Ocuparse del dolor emocional no está en los protocolos y por ello  queda silenciado

Así se van creando nuevas fuentes de dolor en lugar de aliviarlo:

Lo envolvieron y se lo llevaron, sin ni siquiera enseñármelo

Todos se fueron y me dejaron sola con la auxiliar de limpieza

“Hasta se llevaron a mi pareja para firmar unos papeles”

“Luego me llevaron nuevamente a Maternidad, junto con mujeres que sí habían tenido a sus hijos”.

“Escuchaba  llantos de bebés y veía la alegría de todos celebrando”

La sociedad tiende a hacer invisible este nacimiento.

No hay ningún lugar íntimo previsto para que los padres estén con su hijo todo el tiempo que necesiten, lloren y se despidan de él.

No pueden inscribir el nacimiento en el Libro de Familia

Se dan medicinas para cortar la leche para borrar lo más rápido posible todo vestigio del nacimiento.

Nadie les prepara para volver a su casa con los brazos vacíos.

Al entorno cercano también se le hace difícil enfrentar la pérdida de un niño al que nadie llegó a conocer y del cual no existe memoria.

¿Cómo despedirse de alguien a quién se le iba a dar la bienvenida?

Es un dolor por lo que iba a ser, por esa vida juntos soñada.

Muchas veces la vivencia de la presencia del hijo es sólo para su madre.

Los demás saben del niño a través de ella, de su relato, de su cuerpo, de sus cambios emocionales.

Nadie sabe cómo consolar a esta madre y cuándo lo hacen tratan que ella niegue la realidad del dolor por la pérdida de su bebé:

Eres joven, ya tendrás otros”

“No te preocupes, no lo has conocido, pronto lo superarás “.

En estos momentos no hay que consolar, hay que acompañar.

Hay que permitirle a esta mamá llorar por la muerte de su bebé, necesita expresar su dolor, su ira, su desesperanza.

Hay que hacer un acompañamiento silencioso, no se necesitan palabras, se necesita presencia.

Perder a un hijo es una vivencia devastadora y es un duelo difícil de procesar.

Por ello ayudará mucho tener en cuenta lo siguiente:

La madre necesita ver a su hijo, tocarlo, tenerlo entre sus brazos, expresar todo su amor y su dolor.

Ella decidirá si necesita hacerlo sola o acompañada.

Ella determinará el tiempo que necesite para despedirse de él.

Solicitar siempre, si continúa en la clínica, que lo haga en un lugar alejado de la sala de maternidad.

Acompañarla de una manera tal, que pueda expresar lo que siente y también respetar su silencio.

Es importante llamar por su nombre al bebé.

Es necesario conservar objetos que le recuerden.

Ayuda mucho contactarse con grupos de padres y madres que han vivido esta experiencia.

En definitiva, visibilizar y procesar un momento vital extremadamente doloroso.

 

Honrar la memoria de los hijos ayuda a vivir con paz y equilibrio la vida de los padres y sus hermanos.

Ellos forman parte de la familia, de su historia y de sus vidas.

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9 comentarios en “UN DUELO SILENCIADO”

  1. Rosa, Nora, menudo tema tocamos hoy, pero a mi me parece súer necesario que hablemos de ello. Tengo una amiga que su bebé murió al segundo día de haber nacido, y viví con ella el dolor no sólo por la perdida, sino dolor por no poder hablar de él, por no encontrar quién le escuchara, por los esfuerzoz de toda la familia, que lo hacía con toda la buena intención. de olvidar a Nachete, y el dolor mayor fue que no le dejaron despedirse, Me siento reflejada en todo lo que nos cuenta Nora, y desde ese dolor creo que no estamos preparados para afrontarlo, y no sabemos cómo actuar, por eso es tan importante hablar de ello. Ya se que no estamos acostumbradas en nuestro mundo a que estas cosas ocurram, pero no es la única amiga que tengo a la que le ha pasado, y a mi no se me ocirre otra cosa, que abrazarlas y llorar con ellas. Gracias a las dos por hablar en nombre de todas esas madres que no pueden explicar su dolor, pero que sin embargo sufren, gracias Nora por ayudarnos a comprender un poco por lo que están pasando. Gracias a las dos por hablar de lo innombrable. Un abrazo grande, chicas.

    • ¡Hola, Raquel!
      Nuestro objetivo es visibilizar una situación que se da más a menudo de lo que pensamos. La muerte perinatal es un hecho, aunque algunos no quieran verlo. No he vivido ningún caso muy de cerca, pero si he conocido mujeres que han pasado por ello. Ellas contaban que no podían hablar con nadie, que la gente las pedían que olvidasen. ¿Pero cómo se puede olvidar un hijo? Sencillamente no se puede. Mil gracias por comentar, Raquel. Un beso enorme.

  2. Se del dolor de dos abortos en la doceava semana, se del dolor de esa soledad y del vacío que se experimenta, se del dolor de la culpa que te echas.
    Hay que vivir ese dolor, nos hemos de permitir ese dolor porque solo así se sana.

    Quienes decidieron no encarnar ocupan su lugar en nuestra familia, Carmen, mi hija, habla de forma natural de sus hermanos de las estrellas.

    Son y forman parte de nosotros.

    Muchas gracias Nora y Rosa por este artículo que me hace llorar por recordar mi dolor.
    Un abrazo

    • ¡Hola, Lou!
      Muchísimas gracias por compartir tu experiencia. Debió ser muy duro para ti pasar por ello. Me parece fantástico que ellos sigan formando parte de vosotros como familia y que tu hija lo sepa. Un beso enorme.

  3. Quiero felicitarlas por tocar este tema tan difícil con mucha calidez y profesionalismo.
    El desamparo de una mujer atravesada por un dolor inmenso, tanto desde el proceder de las instituciones, como por la incapacidad para acompañar y contener de su también desconsolada familia, necesita plantearse de esta manera: brindándonos sugerencias acerca de cómo tendríamos que actuar.
    Personalmente, me tocó acompañar 2 veces a una amiga y su familia en la circunstancia de perder embarazos al sexto mes de gestación.
    Con el tiempo, la vida le dio la oportunidad de tener una niña hermosa, que ya tiene 15 años. Pero sólo la contención y la compañía afectiva adecuada te devuelven el valor para intentar lo incierto una vez más.
    Las felicito de nuevo. Es muy importante saber cómo actuar en una situación así.
    Un abrazo grande!

    • ¡Hola, Gaby!
      Qué duro lo que cuentas y además en dos ocasiones. Hay que ser muy valiente para seguir intentándolo. Me alegro muchísimo de que al final tuviese a su hija, aunque nada te puede hacer olvidar una circunstancia así. Un beso enorme y gracias por pasarte a comentar.

  4. Está todo explicado genial, pero habéis dejado de lado al papá que también lo pasa fatal y (en nuestro caso) el que tenía que tomar decisiones, en esos momentos que no puedes pensar… Todavía estás asimilándolo y te empiezan a preguntar si vas a querer verle, si le vais a enterrar, si autorizáis una autopsia, etc. En esos momentos no podía pensar, no sabía que hacer, y después de unos minutos me di cuenta que tomase la decisión que tomase siempre me iba a arrepentir de ello 🙁 .

    Nosotros tuvimos mucha suerte y el personal del Hospital nos ayudó un montón mientras estuvimos allí, por ejemplo la habitación no estaba en maternidad que se agradeció un montón.

    Otro momento muy doloroso fue tener que desmontar todo lo que habíamos montado con amor e ilusión, tome la decisión de hacerlo yo sólo a mi ritmo, parando y llorando todo lo que fuera necesario.

    Otro tema a tener en cuenta es que cada un@ vive el duelo de una forma distinta, en nuestro caso mi mujer y yo somos dos polos completamente opuestos en ese sentido.

    Me quedo con una de las mejores frases y que más me recuerda todo lo que pasamos “Hay que hacer un acompañamiento silencioso, no se necesitan palabras, se necesita presencia.”

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