Mi experiencia con la LME: Así logramos el enganche al pecho a las tres semanas de nacer

Así logramos el enganche al pecho a las tres semanas de nacer
Así logramos el enganche al pecho a las tres semanas de nacer

Hoy voy a contaros como logramos que mi Vikingo se enganchase al pecho a las tres semanas de nacer. Se trata de una vivencia personal que con motivo de la semana europea de la lactancia me apetecía compartir con vosotras. Llevo casi dos años posponiendo este post por diversas razones, así que ya es hora de que os cuente cómo fueron mis inicios con la lactancia y cómo a pesar de todas las dificultades lo conseguimos.

Un principio difícil

Tenía claro desde el principio que deseaba darle el pecho a mi hijo, entre otras razones porque no hay mejor alimento para un bebé que la leche materna.

Sin embargo, la lactancia no tuvo el inicio que yo quería o que había soñado. El parto inducido y la separación inmediatamente después de nacer,  que ya os conté en el post Nuestro piel con piel frustrado, comprometieron nuestra lactancia de forma muy grave.

Durante el embarazo me documenté, leí todo lo que pude sobre el tema y acudí a las clases de preparto.  Creía estar preparada para la lactancia. No obstante cuando me encontré de frente con los problemas me quedé paralizada. En ninguno de los libros que había leído se presentaba un escenario como el que yo tenía ante mí.

La separación al nacer fue inmediata. Acababa de ponerle al pecho y su padre estaba sacándole una foto cuando observamos que no respiraba. Se había puesto azul.

El sufrimiento fetal no fue dentro del útero sino fuera. Se lo llevaron y yo me quedé en la sala de reanimación sola y sin saber que había pasado con mi bebé. Fueron unos momentos angustiosos. Conseguí recuperar el móvil gracias a una auxiliar que buscó entre mis cosas y al rato el papá me mandó una foto de mi pequeño. Estaba vivo e ingresado en la unidad de neonatos.

La tan deseada hora sagrada pasó estando separados y cuando subí a planta aún sin poder mover las piernas por el efecto de la epidural inmediatamente fui a ver a mi pequeño. Lo habían ingresado, en principio, para unas horas. Sin embargo, una vez recuperado del episodio de hipoxia perinatal habían detectado una hipoglucemia.

Inmediatamente y siguiendo el protocolo del hospital le habían alimentado con leche de fórmula, a nadie se le ocurrió ir a buscarme e intentar darle mi propia leche. Mi bebé no metabolizó bien la fórmula y la vomitó. Eso les puso de nuevo sobre aviso y determinaron dos cosas: por un lado, que se quedaría en observación unas 24 horas más y por el otro, prohibirme la lactancia materna durante ese primer día.

Como debían suplementar esas 24 horas con leche de fórmula sí o sí, solicitamos que le dieran la leche a través de jeringuilla para evitar el biberón. Una de las cosas que más temía era la interferencia entre el biberón y el pecho. Me daba miedo que él aprendiese a succionar con biberón y cuando le ofreciese el pecho ya no lo quisiera.

Absolutamente nadie me dijo que era muy importante que me estimulase el pecho con un sacaleches de forma inmediata después del parto. Yo me sentía agotada y aturdida y esa idea tampoco pasó por mi cabeza. Perdimos un tiempo precioso.

Esa tarde-noche de sábado en la unidad de neonatos pasó sin poder ofrecer el pecho a mi Vikingo y sin estimulación alguna.Al día siguiente la sala se llenó de madres y pude observar cómo se estimulaban el pecho con sacaleches que había en la propia unidad. Entonces, yo también solicité uno, aunque aún no se hubiese levantado la prohibición médica. Nadie fue capaz de decirme cuanto tiempo debía estimularme el pecho ni cuantas veces al día.

En nuestra presencia se alimentaba al bebé con jeringuilla, de hecho, pedimos que nos enseñaran a utilizarla para alimentarle nosotros. Cuando por fin pude ofrecerle el pecho mi Vikingo no se enganchó pese a intentarlo en cada toma. En los cuatro días que estuvo ingresado las enfermeras de la unidad se dedicaron a darme información contradictoria sobre como tenía que ponerle al pecho. Algunas me indicaban que le enchufase el pecho sin más, vamos lo que no hay que hacer. Más o menos las enfermeras me venían a decir que era una inepta y que todo era culpa mía porque no sabía ponerle bien al pecho o no seguía sus consejos.

Traté de aplicar todo el conocimiento que había leído, pero me fue inútil. No era tan fácil como en la teoría. Por supuesto, nadie tenía en cuenta que el bebé era prematuro, que pesaba apenas 2 kilos y que no tenía fuerza para succionar. Eso lo supimos más tarde.

Poco antes de irnos a casa descubrimos que cuando le daban las tomas nocturnas aprovechaban para dárselas con biberón. Lo supimos porque a una enfermera se le escapó un comentario en nuestra presencia: “¡Qué bien se toma los biberones!”. Nos pusimos furiosos porque lo habíamos dejado muy claro que de ninguna manera queríamos que se le alimentase con biberón. Hoy sé que teníamos que haber denunciado pero yo solo quería irme a casa y estar tranquila para conseguir mi ansiada lactancia.

No podrás amamantar a tu hijo

Dos días después de nacer el Vikingo seguía sin salirme absolutamente nada del pecho, ni gota, a pesar de estar estimulándome el pecho con sacaleches. Empezaba a estar preocupada. La mañana del lunes en la revisión rutinaria con la ginecóloga se lo comenté. Ni corta ni perezosa me agarró el pecho y empezó a estrujarlo hasta que salieron unas gotitas. Me hizo un daño horrible, pero ver esas gotitas de calostro me hicieron enormemente feliz.

A partir  de entonces empezaron a salir gotas y los siguientes dos días pudimos completar la leche de fórmula con mi escaso calostro. Aún así seguimos intentando el enganche sin ningún éxito.

Yo estaba convencida de que el ambiente del hospital, mi nerviosismo y los malos consejos del personal sanitario eran el motivo por el que la lactancia no se lograba. Pensaba que al llegar a casa, una vez estuviera relajada, el problema se arreglaría.

Pero al llegar a casa, el peque siguió sin engancharse al pecho. Y para nuestra desesperación y desconsuelo tuvimos que optar por comprar leche de fórmula. Seguía sacándome leche y dándole pero era tan poquita que cubría solo una toma al día. Esperaba la subida de la leche, pero nunca llegó. Para colmo, el sacaleches que tenía no iba bien, el embudo era demasiado pequeño para mi pecho y me hacía daño.

La jeringuilla era complicada de conseguir e incómoda para nosotros, así que también tuvimos que ceder ante los biberones. Al menos elegimos una marca que parecía respetar el patrón de succión de los niños de pecho. ¿Era cierto? Imposible saberlo, pero fue lo que más nos convenció en ese momento.

Llegados a este punto, más de una habría pensado en abandonar:”Lo he intentado todo””No se agarra””El biberón no es tan malo después de todo”. Incluso tu entorno trata de rebajar la tensión intentando convencerte de que no hay ningún problema por dar biberón. Pero yo me resistía con todas mis fuerzas. No era lo que queríamos y no estaba dispuesta a rendirme aunque si empezaba a desesperarme. 

Pon una asesora de lactancia en tu vida

Al día siguiente del alta fui a ver a la médica de cabecera y le comenté muy angustiada que el bebé no se enganchaba al pecho. Entonces ella me habló de la existencia de las asesoras de lactancia y me dio algunos contactos por si quería buscar asesoramiento personalizado.

Ese mismo día llamé a algunas de las asesoras recomendadas y me decanté por la que me atendía más rápido. Me daba cita para el día siguiente, 15 de mayo y festivo en Madrid. La asesora era Bettina Gerbeau, una reconocida IBCLC. Ella tuvo la deferencia de atenderme en ese día de fiesta. Algo de la que le estaré eternamente agradecida.

La consulta fue clarificadora en todos los sentidos, ya que dio con la clave del problema inmediatamente. Al revisar al bebé y observar mi pecho detectó lo que pasaba: por un lado, mi pezón era demasiado grande para la boca del bebé y su boca de prematuro demasiado pequeña, había un impedimento fisiológico en ese momento para lactar. Vino a decir, más o menos, que era imposible que se enganchase al pecho en esas circunstancias. Por el otro, nuestro bebé era prematuro y no tenía fuerza para succionar.

Era necesario esperar. Cuando alcanzase aproximadamente los tres kilos podría engancharse al pecho. Eso podía suceder en dos o cuatro semanas aproximadamente. ¿Y qué hacer hasta ese momento?

Yo le comenté que apenas me salía leche, que ni siquiera había tenido la famosa subida. Y ella estuvo de acuerdo en que había que reactivar mi producción porque era francamente escasa. Me explicó que íbamos a tratar de hacer una relactación. Que era lo habitual cuando un bebé no ha tomado nunca leche materna o que ha estado haciéndolo pero se ha interrumpido la lactancia durante un largo período por algún motivo.

Yo estaba convencida de ello, estaba dispuesta a hacer lo que hiciese falta con tal de conseguir lactar a mi pequeño.

En un momento que fui al baño, la asesora le dijo a Papá Idiota que lo tenía muy difícil pero que le sorprendía verme tan decidida de llevar a cabo el plan de relactación, ya que requería de un gran sacrificio. Y entonces, Papá Idiota le dijo que eso era porque no me conocía, que la palabra rendición no forma parte mi vocabulario.

La extracción poderosa y mucho apoyo

El método era bastante sencillo aunque no exento de sacrificio y ayuda logística. Debía estimularme el pecho entre 10 y 12 veces al día y en períodos de 5-10 minutos incluso durante la noche. Algo así como cada 2 horas y no dejando que pasasen más de tres horas entre una extracción y otra. Además, debía intentar hacer piel con piel todo el tiempo que pudiera siempre en ratos en los que el bebé estuviese relajado. Se trataba de que el tuviese el pecho al alcance y que pudiese recordar el efecto de succión.

Me dejó muy claro que el Vikingo no se engancharía hasta que no creciese un poco más, siendo más precisos, hasta que no alcanzase los tres kilos. Para entonces debía haber aumentado mi producción o el bebé rechazaría el pecho si no encontraba alimento suficiente.

Uno de los problemas que tenía era el sacaleches, que no me iba bien. Ella me vendió el Medela Swing. Me decanté por el doble porque si tenía que estar constantemente conectada al sacaleches al menos que pudiera estimular los dos pechos a la vez.

Al principio, fue un poco locura porque estaba conectada al sacaleches todo el día.  Mientras que yo me sacaba leche Papá Idiota aprovechaba para darle el biberón al bebé. Las horas que Papá Idiota estaba trabajando seguía el plan como podía porque mi pequeño prematuro pasaba más tiempo despierto de lo esperado.

Sin el apoyo incondicional de mi pareja no hubiese podido lograrlo, ya que logísticamente él se ocupaba de todo lo demás. Además me apoyaba y estaba tan convencido como yo en que debíamos intentarlo hasta el final. Gracias infinitas Papá Idiota, hoy y siempre formamos un gran equipo. 

Mi producción aumentó, pero tampoco de una forma escandalosa, como mucho pude cubrir alguna toma más. Por supuesto,que intentaba ponerle al pecho cada vez que podía pero no se enganchaba. Su boca seguía siendo muy pequeña. Era cuestión de esperar y seguir intentándolo.

Y un día se hizo el milagro: logramos el enganche al pecho

Entre medias acudí a la matrona unas cuantas veces. Mi adorada Pilar, que ahora disfruta de su jubilación, siempre me recibía con una sonrisa y me animaba. Me decía que no tenía ninguna duda de que lo conseguiría. Ella también veía el problema del tamaño de la boca del bebé pero ni le parecía patológico ni insalvable.

Ese apoyo incondicional para mí fue vital, porque necesitaba seguridad en mí misma y deseaba con todas mis fuerzas que el milagro se diese. Cada vez que acudía a la consulta tratábamos de engancharlo, primero con pezoneras por si era más fácil. Lo logramos en dos ocasiones, pero mamaba un poquito y enseguida se cansaba. Su reflejo de succión era muy débil.

En esto pasaron casi tres semanas. Tiempo suficiente para que más de una hubiese tirado la toalla sobre todo por el cansancio acumulado, la ausencia de resultados y la falta de sueño que me tenía agotada.

Pero yo soy de ideas fijas y nunca me rindo. Y esperaba y me desesperaba por que llegase el momento en que mi bebé pudiera agarrar el pecho  y succionar. En una de las visitas a la matrona el Vikingo se enganchó sin pezonera. Volví muy contenta a casa y convencida de que lograría mi propósito. Me dije a mi misma: “Si lo he conseguido allí también puedo conseguirlo en casa”. Y en efecto, dos días después logramos el añorado enganche al pecho. Lo recuerdo como uno de los días más felices de mi vida.

Estábamos como siempre tumbados y desnudos, haciendo piel con piel para favorecer el autoenganche. Él descansaba entre mis pechos y de repente, no sé cómo, ladeó la cabeza, se encontró con el pezón, abrió la boca y se enganchó. Así de fácil. No podía creerlo. Estaba succionando y no se soltaba. Estaba loca de alegría.

El camino hacia la lactancia materna exclusiva (LME)

Lo malo es que me dolía el pecho, veía las estrellas cuando se enganchaba. Y volví a visitar a Bettina y revisamos el enganche. Logramos mejorarlo un poquito y buscar posturas más cómodas para lactar.

Poquito a poco nos fuimos acoplando, el Vikingo tuvo que aprender a succionar mejor, yo a colocarlo de forma correcta al pecho para que no me hiciese daño. Y despacito empezamos a retirar la leche de fórmula y a sustituirla por una toma de pecho. Yo deseaba una lactancia en exclusiva pero me conformaba con una lactancia mixta. De hecho, en las revisiones del hospital me habían insistido en que optásemos por complementar porque era prematuro.

Sin embargo, la asesora de lactancia y la pediatra nos apoyaban en el objetivo de alcanzar una lactancia materna en exclusiva. Y la verdad es que nuestro peque llevaba un ritmo de crecimiento perfecto, siempre teniendo en cuenta su prematuridad.

Lograr la lactancia exclusiva nos llevó algo más de un mes. Las últimas tomas que incluí fueron las de la noche. Temía que durmiese peor cuando lo hiciera. Sin embargo, era imprescindible si quería que la lactancia se estableciese correctamente y fuese duradera. Y fue maravilloso porque empezamos a dormir.

Yo le dejaba el pecho disponible y él se enganchaba. Apenas me despertaba me volvía a dormir. Ya no había que levantarse medio dormida y preparar un biberón ni a las tres ni a las seis de la mañana. Él se servía a su gusto y los tres descansábamos tan felices. Y hasta hoy, que seguimos lactando dos años y medio después.

Dos años y medio después puedo afirmar con rotundidad que luchar por mi lactancia fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.

Me siento muy afortunada porque pudimos superar todas las dificultades y disfrutar juntos de esta experiencia. La lactancia me ha ayudado a conectarme con mi hijo y a fortalecer el vínculo entre él y yo y eso es algo que nunca nadie podrá arrebatarnos a los dos.

En aquellos momentos en los que me desesperaba y sentía que se acababan las fuerzas me prometía a mi misma que si lograba dar el pecho a mi hijo, algún día yo también ayudaría a otra mujeres a hacerlo, que sería asesora de lactancia.

Me hice esa promesa y la cumplí.

Ya soy asesora de lactancia y poquito a poco voy a asesorando a aquellas madres que lo necesitan en  mi entorno. Creo firmemente en nuestra capacidad para lograr cambios a base de conocimiento, apoyo y compromiso. Nada me hace más feliz en el mundo que sembrar lactancias felices  y duraderas en el tiempo.

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27 comentarios en “Mi experiencia con la LME: Así logramos el enganche al pecho a las tres semanas de nacer

  1. No me ha gustado, me ha encantado. Me parece una información super interesante y útil. Gracias por describir la experiencia como mamá y como podemos llevar una crianza alternativa.

  2. Qué duro debió ser. También mi niño tardó lo suyo, y tengo que decir que hasta los dos meses, no logré una lactancia normal y placentera. Pero mereció la pena porque duró 13 meses. Y ese momento es para los dos, madre-hijo, como si el resto del mundo no existiera… es paz total!!! Gracias por compartir tu experiencia y como tú, animo a todas las madres a seguir intentándolo, porque vale la pena y mucho.

  3. ¡Lo conseguisteis! Y realmente era muy complicado. Los primeros momentos son terribles, no sabes muy bien que es lo que tienes que hacer y los demás a veces en vez de ayudar… complican más la situación. En mi caso supongo que sabes que no pudo ser, pero me alegra que en el tuyo sí. Un abrazo campeona.

  4. Ay te leo y me emociono… mi hijo nació por cesárea, tampoco pude hacer piel con piel… y también escuché de todo con respecto a la subida de leche y la cesárea, por suerte llevamos 25 meses de LM, los 6 primeros a demanda y en exclusiva, y hasta el año fue su alimento principal. Aunque tampoco tuve un comienzo fácil, mi hijo tenía frenillo, y gracias a su enfermera de pediatría , hemos llegado a donde estamos. ( también tengo un post al respecto)
    Como bien dices, las asesoras de lactancia son importantísimas, porque aunque leamos mucho… la realidad es bien distinta, así que felicidades por conseguir ambas cosas.
    Un saludo!

  5. Creo que está genial que luchases por darle el pecho a tu hijo aunque si no hubieras podido o no hubieras querido me parecerías igual de buena madre, el caso es hacer lo que una cree que es correcto y lo mejor para su hijo. Está claro que la lactancia materna es buena en todos los sentidos pero no poder con ella o no tener fuerzas para sobrellevar las dificultades tampoco es malo, simplemente es optar por otra opción. Un abrazo

  6. Hola, un articulo precioso y, sin duda, super útil, siempre es bueno aprender de la experiencia. Eres una luchadora, me encanta tu tesón y perseverancia,merece la pena. Un besazo!!!

  7. Hola!! Una historia dura al comienzo pero con final feliz. Luchar por lo que querías para tu pequeño fue sacrificado pero te saliste con la tuya a pesar de la mala actuación del hospital. Enhorabuena, me alegra que ahora puedas ayudar a otras mujeres igual que te ayudaron a ti. Besps!!

  8. La historia es realmente conmovedora. Sobre todo, en este caso, que se trata de tu hijo y de su derecho a la lactancia. He aprendido muchas cosas con la lectura, una de ellas, no tenía ni idea de que existieran asesoras, ojalá lo hubiera sabido cuando nació mi hija. Me ha encantado tu historia, enhorabuena!!

  9. Que buena información, ojala la hubiera tenido cuando nació mi ultimo hijo que de una rechazo el pecho y como no sabia nada de estas cosas, pues le di biberón y nunca le insiste en que se pegara, así y todo no hubo problemas con su alimentación pero algo que me hubiera gustado era haberle dado pecho también como a los otros dos.
    Espero que esto le sirva a muchas mujeres que pasan por la misma situación.

  10. ¡Hola!
    Permite que empiece con una gran reflexión que he podido sacar del post, a parte de la experiencia e información que nos facilitas.
    La teoría y la práctica muchas veces son extremos. Es decir, puedes informarte de mil cosas pero cada persona es un mundo y una situación diferente, por eso me encanta que hayan grupos de lactancia para poder asesorarte de un modo más personal.
    No soy madre, así que no puedo hablar en primera persona del asunto, pero sí que el día que tenga un hijo (o eso espero), tengo claro que intentaré darle pecho si es posible (porque ya sabemos que hay situaciones que aunque sean puntuales, lo es viable por temas de salud).
    Aunque el camino no fue fácil, celebro que al “final del túnel” vieseis la luz, y no solo eso, que esa experiencia te animase a dar el paso de ser asesora de lactancia, que seguro vas a poder ayudar a muchas parejas, porque sí, soy de las que cree que los papis también deben implicarse.
    Felicidades por el post y gracias por compartir tu vivencia e información.
    Besotes

  11. Enhorabuena por haberlo conseguido!!! La verdad que es un lío cuando unas te dicen una cosa y otras otra… Ojalá hubiera tenido una asesora en su momento! Gracias por contar tu experiencia personal y toda la información. Un beso

  12. Me ha guistado como cuentas tu vivencia, como es duro al principio, mal información del hospital, que tengas que dar de comer en una jeringuilla, que tu vikingo no se enganchara al pecho y le costará.

    Lo cierto es que, la lactancia maternal es muy importante por que se crea un vinculo único y es algo que une tanto a una madre con su peque.

  13. Me ha encantado tu relato. Yo tampoco tuve mi hora sagrada, y aunque si pude darle el pecho a mi bebé, la cantidad de leche era poca, y tuve que complementar con leche de fórmula. Procuré darle la mayor cantidad de leche materna que pude, y aunque es doloroso, lo vale. Mi hija está sana, y el dolor pasa!. Te felicito por tu decisión y perseverancia. Saludos

  14. Hola 🙂

    Primero que nada felicidades por tanta fortaleza!!.. Me ha encantado tu post y he aprendido mucho, no sabia de este proceso para la lactancia y menos asistida o que existía esta opción, la verdad es algo muy lindo y de cuidado.

    Es importante que esta información llegue a muchas mas personas, mas mamás justamente tengo una amiguita que esta en este proceso, esta información le llega justa!!.. Gracias por contarnos esta parte tan intima de tu vida, de tu casa, de tu vikingo 🙂 para que mas podamos aprender y compartir!!..

    Un saludo!!

  15. Me ha encantado esta entrada donde nos cuentas tu experiencia. En mi caso lo pasé realmente mal tanto que tuve que dejae de darle el pecho a los 15 días.

  16. Guapa, esta información está genial, estoy segura que tu historia ayudará a muchas mamitas si pasan por lo mismo, porque la verdad hay mucha desinformación y a veces conocer la experiencia de alguien ayuda mucho. Así que genial, me encanta lo que compartes, lo que has vivido, que no ha sido fácil pero que ahora lo expliques tan bien y quieras ayudar a otras mamis es lo mejor de todo 🙂

  17. Hola!!! Me ha encantado tu post, me recordaste tanto mi primera experiencia con la lactancia hace 18 años. Todo se hace tan difícil he inalcanzable, nadie te asesora bien y una frustrada, tal y como te sucedió. Con mi segunda nena me pasó algo parecida por la boquita tan pequeña del prematuro y también soy de pezones grandes, así que te entiendo a la perfección. Con mi tercer bebe ya sabía a lo que iba, así que pude lograr el enganche desde el primer día 🙂 y pude realizar LME hasta sus dos años. Sabes, me han dado ganas de ser Asesora en Lactancia. Gracias por inspirarme!! Saludos, YL

  18. Vaya manera de decribir toda la historia, me has enganchado a tus palabras. Vaya mala suerte tuviste en el hospital y que poco profesionales fueron… Gracias a dios luchaste por tu bebe y por ti. Enhorabuena!

  19. Que situaciones más difíciles has tenido que lidiar. Todo el proceso ha sido duro y lo vital que es informar a las que son primerizas, porque muchos profesionales no entienden cuan complicado es ese maravilloso proceso y más aún con el parto que has vivido.
    Personalmente he contado con personas que me guiaron en ese proceso y te felicito por no renunciar a esa conexión tan bella y única entre una madre y su bebe. Se que siempre hay un poco de dolor pero lo bueno es que existe tantos productos que te ayudan a cuidarte los senos durante la lactancia. Felicidades por tu fuerza y a disfrutar de tu vikingo ^.^

  20. Hola!!
    Antes de nada darte mi enhorabuena porque lograras al final que se enganchara a tu pecho, eres toda una luchadora!!
    Yo tampoco tuve una buena experiencia con el pecho y mi hija, era muy joven, no lograba que se enganchara bien y además me salían unas heridas horrorosas cuando lo intentaba. Decidí darle el biberón, quizás me hubiese venido bien alguien como la persona que te ayudó a ti, pero desconocía que existieran. No me arrepiento, hoy mi hija tiene 15, pero sí que me hubiese gustado!!
    Gracias por compartir tu experiencia 😊
    Besos.

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