La maternidad juzgada: aprendiendo a no juzgar

La maternidad juzgada: aprendiendo a no juzgar
La maternidad juzgada: aprendiendo a no juzgar

Hoy hablaremos de la maternidad juzgada y comenzaré con dos preguntas muy directas, ¿cuántas veces te sentiste juzgada el pasado año? ¿Y el último mes?

Cuando te conviertes en madre cualquier decisión que tomas es susceptible de ser juzgada. Lo peor de todo es que antes de que te des cuenta serás tú quien juzgue a las demás, quién lanzará el dedo acusador hacia otra madre y te sentirás fatal por ello.

Pedimos respeto alto y claro cuando alguien nos juzga pero nos olvidamos de esta premisa cuando juzgamos a otro. Se nos olvida que merece el mismo respeto que nosotras demandamos.

Si prefieres escuchar el post en vez de leer, aquí tienes el Podcast del post 🙂

MADRES POLARIZADAS

Somos madres criticando a madres, madres juzgando a otras madres. El ruido ensordecedor de fondo no nos permite ser conscientes de este hecho tan triste.

Juzgamos constantemente aunque no nos demos cuenta de que lo hacemos y nos sentimos atacadas cuando alguien hace lo propio con nosotras. Acabamos polarizando nuestro discurso en dicotomías innecesarias y nefastas: buenas madres, malas madres, supermadres, madres helicóptero, madres GPS y todos los tipos de madres que se puedan inventar con el fin de dividir a un solo colectivo.

Terminamos clasificando a las madres por el estilo de crianza que han elegido y nos posicionamos de forma inevitable en un lado u otro: las que dan teta y las que dan biberón, las que hacen colecho y las que no, las que hacen BLW y las que dan papillas, las que dan azúcar sin restricciones y las que no y un largo etcétera de divisiones absurdas.

Nada se salva del escrutinio constante al que nos sometemos unas a otras, como si fuese una competición y estuviésemos demostrando quien es la mejor madre. Hay tantas formas de crianza como familias. Aún así juzgamos y creemos firmemente que nuestro posicionamiento es el único válido y legítimo.

¿QUÉ ES JUZGAR?

La palabra juzgar viene del latín iudicare, que significa dictar un veredicto. Es una palabra derivada de ius, derecho y dicare (indicar).

EL diccionario de la Real Academia define este verbo con dos acepciones que nos pueden resultar adecuadas para este post: por un lado, formar opinión sobre algo o alguien; por el otro,  dicho de un juez o un tribunal que determina si el comportamiento de alguien es contrario a la ley, y sentenciar lo procedente.

Y ahora yo te pregunto, ¿cuándo juzgamos a alguien estamos opinando sin más? No. ¿Sabes por qué? Porque estamos reprobando su comportamiento y estamos sentenciando en base a información parcial y  sin tener una sola prueba.

No es una opinión, en muchas ocasiones, es casi un juicio o una lapidación pública.

TODAS NOS HEMOS SENTIDO JUZGADAS

Nos juzgan desde el minuto 1. El embarazo es una de las primeras guerras, sobre todo si tu comportamiento no se ajusta a lo que se espera de ti. Esa lánguida y frágil espera puede ser un infierno si tienes vómitos continuos, malestar general y cansancio extremo. Te sentirás juzgada por sentirte enferma.

Yo lo he vivido en carne propia, cuando tu médica de cabecera  te suelta aquello de, “Estás embarazada, no estás enferma”. Estupendo. Pero oiga yo me siento muy jodida. La misma doctora que esgrime como argumento para no darme la baja que no tengo suficiente barriga. Por supuesto,  que no la tenía, mi peque era un CIR.

Durante mi embarazo tuve que soportar los comentarios y juicios de valor constantes de una compañera de trabajo, que me llamaba débil y se permitía el lujo de decirme que me quejaba mucho. Ella había tenido dos embarazos estupendos y había trabajado hasta el día del parto: su experiencia y sus circunstancias, que no eran extrapolables a las mías.

Por supuesto, cero comprensión por las más de dos horas de  coche que me hacía por carreteras secundarias todos los días lloviendo, nevando y de noche. Cuando hacia el final del embarazo cogí la baja dejó de hablarme. Se permitió juzgarme con la enorme libertad que da la ignorancia y la falta de empatía. Ella criaba a sus hijas con disciplina espartana pero yo jamás le hice un solo comentario sobre cómo educaba a sus hijas.

Me juzgaron nuevamente cuando una ginecóloga decidió unilateralmente que mi parto sería por cesárea y me llamó irresponsable por negarme a programarla en la semana 20. Por supuesto, me cambié de hospital. En el post Parirás por cesárea lo cuento con detalle.

Nuevamente me sentí juzgada cuando mi peque fue diagnosticado como un CIR. Me harté de decir que no era fumadora, sin embargo, no dejaron de preguntármelo, aunque constase esa información en el expediente, supongo que nunca creyeron que decía la verdad.

En una ocasión, alguien me dijo que si mi hijo había sido un CIR era por mi culpa. “Tú y solo tú tienes la culpa, no te alimentas bien”.  Esa persona ignoraba que durante el embarazo si consumí carne y pescado y que no me hice vegetariana del todo hasta que el peque nació porque pospusimos la decisión hasta ese momento. Saco sus propias conclusiones y juzgó.

Fue un comentario muy doloroso y desafortunado. En realidad, no hay una causa única para que tu bebé sea un CIR, pero tú te sientes mal de todos modos. En el post, Mi peque un CIR tenéis más información.

Y todo esto antes de nacer.

Cuando el bebé nace ya es el nova más. Cómo no críes de la forma que se espera de ti, prepárate para un aluvión de críticas, comentarios desafortunados y juicios de valor. Opiniones que no has pedido, que no te aportan nada, pero que escucharás día sí y otro también por el hecho de ser madre.

LA MATERNIDAD JUZGADA

Sientes que hagas lo que hagas te juzgaran.

Sería impensable en el reino animal encontrarnos a otras mamíferas relatando sobre lo que hacen otras madres y criticándose entre sí. Una comunidad de gatas en las que unas se despellejaran a otras porque los bebés mamaron más tiempo del acostumbrado o porque sus crías tomaron leche de fórmula.

Es impensable porque la naturaleza no les dotó de cultura ni del don de la reflexividad. Estos elementos forman parte de nosotros y nos convierten en seres pensantes. La cultura es profundamente poderosa, determina como tenemos que criar y que es adecuado y que no lo es en una determinada sociedad.

Además, se transmite de generación en generación como una verdad absoluta. Hace 100 años solo se criaba de una manera, las madres de entonces no cuestionaban lo que era adecuado o lo que no. Simplemente seguían con las costumbres familiares y generacionales aprendidas.

Hoy la cultura evoluciona a una velocidad de vértigo. La maternidad y la crianza se han convertido en temas vitales para toda madre que quiera estar informada. Encontramos numerosa información, paradigmas y nuevas teorías que han convertido la maternidad en un tema controvertido.

Lo que a priori es positivo, que es tener opciones y alternativas a fin de encontrar aquella que nos sea más afín, se convierte en una guerra. Así asistimos al choque generacional entre madres e hijas.

Aquellas madres que criaron con biberón porque era lo que se estilaba y lo que los pediatras recomendaban se llevan las manos a la cabeza por los esfuerzos que hacen sus hijas por dar el pecho. Sencillamente no lo entienden. Y se sienten ofendidas y juzgadas por sus hijas, como si les gritarán a la cara, “lo hicisteis fatal”.

Se produce la inevitable ruptura.

DISCUSIONES EN RED

Pero no solo es generacional, también la ruptura se produce entre amigas.  No es el primer caso de amistades que se acaban cuando se tienen hijos porque no se comparte un mismo estilo de crianza. Entonces buscamos apoyo en la red, en grupos online en donde comparten el mismo estilo de crianza que nosotras queremos o al que aspiramos.

Sin embargo, las discusiones son constantes en redes sociales por lo que hizo aquella, por la consulta de aquella otra, por lo que preguntó fulanita y por lo que contestó la de más allá. La cosa se calienta enseguida porque enjuiciamos en base solamente a lo que leemos.

Por ejemplo, alguien postea algo buscando aprobación y recibe un rapapolvo como recompensa. Juzgamos a otras personas y buscamos cómplices el aplauso del auditorio al que nos dirigimos. A veces es una pregunta inocente que suscita un aluvión de comentarios juzgando su punto de vista o su ignorancia.

Nos sentimos con la potestad que nos da el respaldo de la mayoría para acusar alto y fuerte a quien se sale de la norma. Y disfrutamos llamando la atención a otras madres, como si con ese gesto ganásemos unas cuantas medallas que mostrar orgullosas ante las visitas.

Se juzga alegremente sin saber y se genera un tremendo malestar.

A mí me han llamado la atención en algún grupo, razón de más para no participar o no entrar en polémicas. Me agotan, me parecen inútiles y me generan un tedio difícil de soportar. Pero si me gusta leerlas, porque aprendo. Aprendo sobre el ser humano y sobre el complicado trabajo de ser madre buscando la aprobación constante de la tribu.

Necesitamos escuchar que lo hacemos bien y necesitamos decir que aquella de más allá lo hace mal para reafirmarnos en nuestras decisiones y en nuestras convicciones. Lo entiendo, somos humanas. Sin embargo, no pensamos por un momento en los sentimientos de esa madre que se siente tan sola como nosotras y que lucha por hacerlo mejor cada día. No pensamos que pueda sentirse linchada públicamente.

CUANDO YO SOY MI PEOR JUEZ

En ocasiones, nos enfadamos ante un comentario de otra persona porque algo nos resuena por dentro y nos hace daño. Nos tocan la fibra y nos sentimos atacadas. Puede ser que en realidad la ofensa no exista más allá de nuestra cabeza.

Quién habla es nuestro peor juez: nuestro yo.

Es un enemigo potente que puede hacernos un gran daño y paralizarnos por completo. En ocasiones, somos más permisivos con otras personas y nos damos verdadero látigo si somos nosotras las que cometemos un error.

Debajo de esa culpabilidad y enjuiciamiento está nuestro perfeccionismo y nuestro miedo a equivocarnos, como si el error fuese algo imperdonable que no nos podemos permitir.

Todas alguna vez nos hemos sentido culpables de lo que hicimos o lo que no. Nos encontramos con madres que tienen más de un hijo que se juzgan duramente a sí mismas por no haber estado todo lo informadas que deberían cuando nació su primer hijo y no dieron lactancia materna. Madres que comenzaron criando de una manera y evolucionaron hacia otro paradigma y sufren porque su primer hijo fue criado de una forma de la que hoy abominan. Y un sinfín de enjuiciamiento inútil que nos hace sufrir y nos condena al fuego eterno.

Afortunadamente, tenemos el don de la reflexividad para utilizarlo a nuestro favor. Podemos sentarnos y reflexionar sobre el pasado sin emitir un juicio, sin sentirnos presionadas por el “debería”. Puede ser que nos equivocáramos o que tomásemos una decisión inadecuada pero ya es tiempo de curar heridas y de cerrar etapas.

A veces es tan simple como aplicar la comprensión que aplicamos a los demás y perdonarnos  a nosotras mismas.

YO TAMBIÉN HE JUZGADO

¿Y tú nunca has juzgado a otro? Yo sí, claro que sí y me he sentido fatal por ello.

Me considero una persona respetuosa pero yo también he juzgado en el pasado el comportamiento de otras madres sin tener toda la información y en base a una imagen o un comentario. Por ejemplo,  Antes de tener a mi Vikingo cuando veía a una madre dando biberón pensaba mal, ¿Por qué no da teta?

La vida que es muy sabia al final te pone en tu lugar y te ofrece la imagen donde te proyectas con toda su crudeza. Cuando mi hijo nació tuve que dar biberón un tiempo, hasta que conseguí que se enganchase al pecho. Me daba vergüenza dar biberón en público porque temía que me juzgasen. Un día comprendí que no eran mis prejuicios sino los de otro y que no merecía la pena prestarles atención.

Aprendí cuatro cosas de de esta experiencia:

1) que tú puedes verte en la misma situación en la que estaba aquella persona que juzgaste injustamente en el pasado;

2) que no tienes ningún derecho a juzgar a nadie;

3) que el mundo es libre de juzgarme, al igual que  yo soy libre para decidir que no me importa;

4) y que no volveré a juzgar a nadie nunca más.

APRENDIENDO A NO JUZGAR

Antes de juzgar pregúntate: ¿Quién soy yo para juzgar a esta madre? ¿Con qué autoridad moral? ¿Con qué derecho opino sobre su vida o su estilo de crianza?

No tengo ningún derecho. No sé las circunstancias de esa persona, no sé cuál es su situación personal, cómo es su entorno,  no sé cuáles fueron sus vivencias y desconozco de que tamaño es su mochila. Me falta su historia con todos los matices posibles, saber cómo piensa o cómo se siente.

En definitiva, me falta información para enjuiciar. Y aún con los datos en la mano, no debería hacerlo.

Yo he decidido vivir de una manera conforme a unos valores que son los míos. Aquella otra madre, aunque me resulte incomprensible, también actúa conforme a una lógica en la que entran en juego sus circunstancias personales y sus experiencias de vida.

Detrás de cada juicio de valor hay una madre con sentimientos, con dudas y con un corazón, una madre que se siente juzgada e incomprendida por su entorno. Una madre que se siente mal porque todo el mundo la juzga. Porque todo el mundo tiene algo que decir sobre cómo criamos o cómo dejamos de criar, incluso aquellos que no han tenido hijos.

¿QUÉ HAGO SI ME JUZGAN?

Sencillamente no tomártelo como algo personal. Las personas enjuiciamos muchas veces en base a nuestros prejuicios y nuestras carencias. Al final proyectamos en los otros nuestro enfado y nuestra frustración. Por debajo subyacen emociones y sentimientos que nunca han salido a la luz, que permanecen inconscientes y que nos hablan de nuestro sufrimiento, impotencia y necesidades no cubiertas.

El mejor consejo, es no entrar en la discusión ni en la polémica. Por supuesto, eso no significa callar y permitir que nos ofendan, pero si zanjar la cuestión de una forma educada.

No dejes que otros proyecten su sombra en ti. Si tu madre no pudo dar el pecho o decidió no darlo, no tiene derecho a machacarte porque hayas seguido con la lactancia más allá de los dos años. No tiene derecho y tú no se lo vas a permitir. Pero tampoco vas a juzgarla.

Otra cuestión es si me resuena, me exaspera o me saca de quicio el comentario. Sin duda, existe algún conflicto no resuelto que convendría escuchar. Es posible que descubras algo que no imaginabas.

En definitiva, implica hacer un trabajo personal para lograr que ciertos comentarios no nos afecten o no nos hagan daño. Y si nos lo hacen,  saber por qué y poder trabajarnos esas áreas que nos hacen sentir inseguras o nos llevan al perfeccionismo.

La maternidad no nos hace perfectas, nos hace humanas.

EN BUSCA DE UNA COMUNICACIÓN EMPÁTICA

Es importante comunicarnos desde otra perspectiva, más centrada en nuestras necesidades y en las del otro.  Adoptar una comunicación más empática exenta de violencia.

Marshall Rosenberg sabía perfectamente de lo que hablaba cuando propuso su teoría de la comunicación no violenta. Descubrió que nuestras acciones están motivadas por nuestra necesidad de satisfacer alguna meta u objetivo. Él defendió que podemos tratar de lograrlo sin provocar un daño a otras personas. Para ello, es fundamental no emitir juicios de valor y no catalogar la realidad en base a bueno-malo, correcto-incorrecto.

Bajo su paradigma el lenguaje es una poderosa arma que nos ayuda a comunicarnos desde la empatía, que nos permite comprender las motivaciones y deseos del otro.  Que hace que la otra persona se sienta comprendida. Nos anima a escuchar de verdad, sin prejuicios o ideas preconcebidas.

Si entendiésemos a esa madre que decide destetar, por ejemplo, nos pusiésemos en su piel y entendiéramos las motivaciones que la han llevado a esa situación, es muy probable que no la juzgásemos y es muy posible que no se sintiese juzgada.

Al final es una cuestión de respeto. Queremos que nos respeten y el respeto comienza por uno mismo. Por respetar a la persona que tenemos enfrente, sus vivencias y sus circunstancias.

También supone escuchar activamente al otro. Por supuesto, todo lo que oímos no nos va a gustar. No se trata de darle la razón a la otra persona pero sí de dar nuestro punto de vista sin ofender a esa madre y sin hacerla sentir mal. Supone validar sus sentimientos y opinar si nos lo ha pedido, con respeto y sin utilizar palabras violentas o agresivas. Pero si no quiere saber lo que pensamos, deberíamos guardarlo para nosotras y limitarnos a acompañar.

MI PROCESO

En mi trayectoria profesional como docente me he reunido con padres de todo tipo, todos ellos preocupados por sus hijos. En el camino he aprendido a escuchar, a validar sus sentimientos y he ofrecido mi ayuda y mi colaboración. En ocasiones, la han aceptado y en otras no, pero eso no me ha hecho sentirme menos capacitada en mi trabajo.  He entendido que cada familia es única y decide resolver sus conflictos de la forma más adecuada con o sin ayuda externa.

Cuando empecé a aprender sobre la educación y la crianza respetuosa me di cuenta de que llevaba años aplicando muchas de sus estrategias de forma intuitiva, tan solo guiándome por mi instinto y mi sentido común.

Al final este mundo es tan apasionante que decidí formarme en Crianza y Maternidad con el objetivo de ayudar a otras madres. Convertirme en Asesora de Lactancia supuso un sueño hecho realidad. Ahora tengo la suerte de acompañar a madres en su lactancia, y hasta hoy, está siendo absolutamente enriquecedor.

Cuando una madre busca mi ayuda sea porque tiene dificultades con la lactancia o porque quiere destetar, le ofrezco apoyo, comprensión y ayuda, sin juzgar, sin opinar y sin dañar. Desde la comunicación empática. Por supuesto, mi opinión personal la guardo para mí, la madre no me la ha pedido y no tiene cabida en la consulta.

Como mi aprendizaje prosigue, estoy formándome en Crianza Respetuosa y como Asesora de Porteo. Todas aquellas herramientas que voy recogiendo me sirven para seguir aprendiendo a no juzgar y no juzgarme. Y insisto en que sigo porque, a veces, se cuela un juicio de valor o me enfadó porque alguien me juzgó sin conocerme. No importa, es parte de mi evolución, lo más importante es que soy consciente de ello y puedo trabajarlo a nivel personal.

Se trata de un proceso que dura toda una vida que nos ayuda a acompañar a otras personas pero que también nos proyecta a seguir nuestro camino sin el sufrimiento o el estigma de sentirnos observadas o criticadas constantemente.

En definitiva, me ha hecho más libre, más consciente y más humana.

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21 comentarios en “La maternidad juzgada: aprendiendo a no juzgar

  1. ¡Excelente, Rosa!

    Espectacular tu talento para enseñar. No hay nada que agregar. Es una información concisa, clara y directa.

    Es muy importante que hablemos de este tema. Nos pasamos la vida siendo arrastradas por el ruido y la masa y perdemos el norte.

    Gracias por tu reflexión tan potente. Me encantó.

  2. La verdad es que me a sorprendido gratamente tu post, es una información bastante concluyente y puede servir de mucho a las madres que a veces se ven superadas por la situación, muchas gracias por el post

  3. Hola! Me ha encantado tu post es muy interesante y muy útil para ayudar a más mujeres porque es verdad que la maternidad es siempre juzgada desde el primer momento todo el mundo quiere opinar las amigas, la familia y esta situación al final nos desborda y como tú dices, solo tenemos que dejarnos llevar por nuestra intuición, sentido común y algo de ayuda para tener una crianza respetuosa. Se lo voy a pasar a mi prima que seguro le viene genial. Un beso.

  4. Hola linda,

    Es un post genial que nos viene bien a todas, de hecho gratificante -incluso a mi, que no soy madre y tampoco puedo hacerlo por una larga historia- . Vi muchas veces sufrir a mi madre con la crianza de mi hermana menor, pero nada, seguir adelante y también ignorar a los que quieren siempre opinar pero no le pagan ni un pan a tu hijo, va, ni que fueramos monedas de oro para caerle bien a medio mundo ha ha ha.

    Saludos linda.

  5. La verdad que es algo que nunca desaparecerá, la gente siempre juzga a los demás y en este aspecto, hay quienes creen que lo mejor y lo único es lo que los deciden. Hace unos meses hablaba yo de este mismo tema en mi blog, y es que la gente es muy cansina, pero yo he aprendido a hacer oídos sordos y además, a pensar antes de juzgar, porque… que levante la mano quien nunca ha juzgado a los demás, ahora lo único que hago es dar mi opinión, sin más, sin atacar ni imponer mi criterio.

  6. Hola la verdad es que es bastante interesante lo que planteas. Siempre nos sentimos con el derecho de juzgar a los demás, como si tuviéramos una vida perfecta. Y lo peor del caso es que somos mujeres juzgando a otras mujeres sean madres o no. Siempre cuestionando: Por que no te casas, porque no tienes hijos, porque no cierras la fabrica ya, porque pariste por cesarea si parto natural es mejor, porque dejas de dar el pecho, porque alimentas con leche de fórmula, porque y porque y porque,,,Hay mujeres que no tienen otra opción, y no por elegir cualquiera de los cuestionamientos anteriores te hará mejor o peor persona.
    Es la quinta vez que intento publicar éste comentario.
    Saludos

  7. Magnífico post, me ha encantado el enfoque que le has dado. Juzgar puede responder a una necesidad de simplificarlo todo a blanco o negro, bueno o malo. Así no hay que pensar en los matices. También suele ser debido a la ignorancia. Lo impoetante es lo que tú apuntas: saber qué hacer cuando te sientes juzgada. Muchas gracias por tu post.

  8. Creo que esta reflexión que has hecho sobre la maternidad, las críticas y las autocríticas es extrapolable a un montón de situaciones. Pero todo lo que has dicho, aunque no lo haya vivido en primera persona, lo he escuchado. Las que se creen que por ser madres dicen misa, que todas tienen que ser iguales, que les dicen que lo hacen mal…Han sacado camisetas diciendo que las mujeres tenemos que apoyarnos, pero conozco demasiados casos donde no es así, saludos!

  9. Me parece interesante tu tema, no soy madre pero me hace ruido porque también pasa en otros ambientes, creo que es una buena reflexión, cariños y gracias por compartir. Mariluz

  10. Hola guapa, yo con este tema ando algo quemada, la verdad, y no sólo en lo que respecta a la maternidad. Te puedo decir que nunca me he metido con nadie por cómo cría a sus hijos ya que cada una lo hace lo mejor que puede o sabe pero sí se ha dado el caso contrario. Madres que tienen un hijo y a los dos meses saben más que nadie.. pero en general las mujeres no sólo no nos apoyamos sino que si podemos pisarnos y ahogarnos las unas a las otras lo hacemos, es así, aunque cueste reconocerlo, en cualquier tema en que nos impliquemos. Muaks

  11. Hola guapa! Aunque en este caso lo llevas a la maternidad me resulta un tema muy interesante en general somos expertos en juzgar y ver la paja en el ojo ajeno como dice el refran pero al final cada cual sabe porqué toma sus propias decisiones y tal y como indicas muchas veces nosotros mismos somos nuestro peor juez.

  12. Hola, la verdad que hoy en día vivimos en una sociedad donde juzgar es el pan nuestro de cada día. Hemos sido juzgada y hemos juzgado, debemos aprender a manejar esa situación para tener una relacion mas sana y poder criar con amor y respeto.

  13. Hola! me ha encantado el post! no soy madre pero creo que muchas veces se podría aplicar a cualquier otra situación de la vida cotidiana. Creo que todos tenemos que trabajar este tema para controlarnos a la hora de juzgar, creo que seríamos más felices.

  14. Hola Rosa, me ha gustado mucho la forma en que enfocas tu post. Si bien dejas claro lo molesto que resulta ser juzgado, también invitas a la empatía y la compasión. Lo que en cuestiones prácticas se resume en respeto. Respeto por el otro y respeto por mi mismo. Al fin y al cabo estamos conectados y si juzgo al otro, me estoy juzgando a mi mismo.

  15. Juzgar, nos encanta, nos apasiona, siempre mirando al vecino, pues mira lleva al niño en brazos y el coche vacío o, mira como llora el pobre en la silla y no lo cogen. Como tú dices he sufrido en carne propia esos comentarios, es un embarazo, no una enfermedad, sin embargo, mi primer embarazo fue como una enfermedad, menos mal que tuve una doctora que en todo momento me apoyo y me dijo que no podía ir a trabajar en mi estado desde el primer momento, estuve 7 meses vomitando desde que me levantaba hasta la hora de comer, la verdad es que a mí un embarazo de esos en los que puedes ir a trabajar hasta el último momento me parecen una bendición.
    Es verdad que tenemos mucha información, y me parece genial que cada una opte por lo que se adecua a sus principios, a sus necesidades o a su estilo. Yo no dí el pecho a ninguna de mis hijas, fue mi decisión, sin embargo, en el primer parto mi propio ginecólogo fue el que dio instrucciones de que me dieran una pastilla para que no subiera la leche y en el segundo me preguntaron varias veces que si estaba segura de no querer dar el pecho. Seis años de diferencia y se me miraba de distinta forma por la misma decisión.
    Cuando te juzgan, aprendes a no juzgar, sencillamente, porque la empatía te hace colocarte en la situación del otro.

  16. Me he sentido tan identificada con todo lo que cuentas, porque casi desde que decides ser madre todo el mundo decide aconsejarte y juzgarte. Pero lo peor es que a veces lo hacemos nosotras mismas, casi sin darnos cuenta. Hay tantas formas de crianza como personas y debemos respetar y, sobre todo, respetarnos.

  17. Muy interesante este post sobre cómo juzgamos a los demás. No soy madre, pero creo que es no le quita validez para mí, que sin querer muchas veces me puedo descubrir “juzgando” lo que otras mujeres hacen. Muy bueno para reflexionar sobre nuestras actitudes.

  18. Durante el primer año de mi hijo las criticas me llovían encima, y durante el segundo ni te cuento, y tan sólo porque no era como las demás madres. A los 6 meses tuve que dejar de dar de pecho, por problemas de salud, y vaya que mala madre soy, que no se puede criar a un niño sin la leche materna. De allí a que mi hijo estaba siempre enfermo claro está que era culpa mía. Y luego no hablamos de si lleva camiseta, de porque no camina a los 10 meses, y si a los 2 años no habla bien – porque es bilingüe!!! – y si se cae, y si esto y el otro. En fin, que cuando mi hijo era pequeño, y encima yo madre soltera, me dije que o dejaba de escuchar a las demás madres o me iba a volver loca. Resultado: mi hijo tiene casi 8 años, es un niño educado, sensible, demasiado listo para muchas cosas, se divierte como todos los niños, la escuela no le gusta pero tiene buenas notas, y crece como cualquier niño que yo conozca. Pero ahora, después de haber pasado por una madre demasiado blanda, me dicen que soy demasiado severa con él. Y yo sigo sin escuchar a nadie, porque pienso en la felicidad mía y de mi hijo, que es lo más importante. Asimismo, antes de juzgar a otras madres, intento ponerme en su situación para entender porque se portan de esa forma.

  19. Has muchisimas personas que no saben respetar al prójimo, no hay afecto ni una pizca de respeto hacia los demás. Cierto que en algún momento de la vida todos juzgamos, no somos santos, pero hay maneras y maneras.
    Yo he visto y he sufrido críticas muy hirientes, y cuando ves esto la verdad que a mi personalmente me da pena esa persona porque algo tan grave debe tener dentro para atacar de esa manera tan salvaje.
    En muchos aspectos me he sentido muy identificada, me ha encantado el post.

  20. Felicidades Rosa por tu post!! Me ha encantado, mejor no lo podías haber explicado. Es increíble el daño que nos podemos llegar a hacer las unas a las otras cuando todas estamos en el mismo bando. Y si que es cierto que sin querer acabamos criticando porque es lo que impone la sociedad y a lo que estamos acostumbradas. Cuesta no hacerlo pero hay que intentarlo porque cada madre lo hace lo mejor que puede y cada madre es la mejor madre para sus hijos.
    Lamento que tuvieras que pasar por las críticas de tu compañera de trabajo y de los propios médicos al culpabilizarte del bajo peso de tu hijo.
    Con tu permiso comparto tu artículo
    Un abrazo

  21. Creo que todo ser humano tiene escrito muy profundo en el ADN, esta acción de juzgar a otros en cualquier ámbito y en cualquier momento, es muy fácil jugar a los demás pero más difícil es verse en el espejo y ver objetivamente nuestros defectos y virtudes. ¿Cuándo será el día que entendamos que no debemos juzgar a nuestro prójimo? sino más bien aconsejarlo y ampliar sus horizontes con nuestra ayuda.

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