LA MATERNIDAD: viaje al corazón de las tinieblas

La maternidad: viaje al corazón de las tinieblas

Ya eres madre, enhorabuena. Has conseguido tu más preciado deseo. Tienes a tu pequeño en brazos y te preguntas si puedes ser más feliz. Es muy probable que nada pueda ser comparable a esa experiencia.

Sin embargo, nadie te ha contado que ser madre es el trabajo más duro que vas a realizar nunca, que no tendrás vacaciones ni días de descanso ni podrás despedirte del cargo cuando las cosas se pongan feas. Que no vas a poder salir corriendo y que es un hecho irreversible.

Y lo más importante: te va a enfrentar a lo mejor y a lo peor de ti misma.

¿Estás preparada?

Si somos sinceras, la mayoría no lo estamos.

No somos conscientes de la enorme responsabilidad que supone traer un hijo al mundo. Si reflexionásemos más sobre esta cuestión, la tasa de natalidad sería aún más baja de lo que ya es en países como España.

Claro que tampoco es que tengamos muchas posibilidades de conciliar, pero ese tema, lo dejamos para otro post.

Podemos dedicar también este espacio para hablar de los egoístas y manipuladores que son los bebés. Criaturas tremendamente frágiles pero que tienen la capacidad innata de saber latín desde que asoman la cabeza (llamémoslo ironía).

Pero no, hoy vamos a hablar de ti. De cómo te sientes y de la ambivalencia de sentimientos que implica la maternidad. Vamos a viajar al corazón de las tinieblas. 

Tener un hijo te coloca en el mundo. Y si no lo hizo tras nacer, lo hará en los próximos años. No conozco a nadie a quien la maternidad no le haya cambiado y no me refiero a su estilo de vida, que es lo evidente.

Ya te habrás dado cuenta de que ser madre no es de color de rosa. Hay tinieblas y claroscuros que se ocultan bajo nuestro disfraz de madres perfectas (¡Cómo odio esta etiqueta! Defíneme perfecto).

Antes que madres fuimos niñas, antes que niñas, bebes y antes que bebés, pequeños fetos en desarrollo en el vientre de nuestras madres. Pero esto nuestra memoria lo ha olvidado y nuestros recuerdos comienzan a partir de los tres o cuatro años de edad.

Nosotros tenemos la capacidad de olvidar, pero nuestro cerebro más primitivo no olvida. Esta impronta está en nosotros, aunque no podamos recordarlo. Presente en nuestro subconsciente y es una pieza más de quien somos.

Robert Bly afirmaba que todos llevamos a cuestas una mochila: primero nos dedicamos los primeros veinte años a llenarla de todo tipo de experiencias y vivencias, después nos dedicamos a vaciarla el resto de nuestra vida.

La vaciamos porque nos pesa, porque obstaculiza nuestro camino y no nos permite crecer. La maternidad te enfrenta directamente con esta mochila, que según nuestra experiencia vital será más pesada o más liviana.

Ser madre te enfrenta a la niña que fuiste. El recuerdo o la imagen que tenemos de aquella época, en ocasiones, no nos satisface o nos hace sentir mal.  Hemos acumulado mucha culpa, mucho resentimiento, desamor, heridas que no dejamos curar y miedos profundos, que no nos atrevemos a confesar.

Laura Gutman lo denomina sombra.

A la sombra la llamo yo tinieblas. Porque dentro de nosotras mismas aún existe una niña que quizás no fue todo lo amada que merecía o no recibió toda la atención que precisaba. Mis padres hicieron un gran trabajo criando cuatro hijos pero se equivocaron muchas veces en su papel de padres. A veces no es suficiente con querer.

Nos criaron con unas directrices que ya fuera por aplicación o por omisión están ahí como unos pilares  rígidos que influyen en la forma en que abordamos la crianza. Es parte de nuestra mochila. Lo mejor que podemos hacer es enfrentarla, mirarla de frente. Por nosotras, pero también por nuestro bebé.

Habrá quien piense que no trae mochila, que no debe cuestionarse nada. Lo fácil es seguir a la manada y continuar haciendo las cosas como se han hecho toda la vida. Pero otra posibilidad, es mirar hacia adentro y preguntarte si de verdad lo haces porque crees que es lo mejor para tu hijo o si actúas por inercia.

HABLEMOS DE TINIEBLAS

Nos acechan ya desde la gestación.

Cuando estaba embarazada nadie quería escuchar lo mal que me sentía. Era obligatorio estar contenta y feliz, aunque estuviese de muy mala leche la mayor parte del tiempo. Parecía de muy mala educación expresar que no me gustaba nada el embarazo, que me sentía invadida e incomodísima. Sentía que había perdido el control sobre mi cuerpo.

Sin embargo, tocaba sonreír, porque si estás embarazada debes ser dulce, adorable y frágil como una encantadora postal de otoño. Como si llevar un bebé dentro nos convirtiese en niñas de repente y estuviésemos encantadas de volver a jugar a las muñecas.

Cuando entramos en el tercer trimestre nos asaltan las dudas sobre si seremos buenas madres (¡por Dios, que dejen de definir este concepto!).

Nos mata la inseguridad, creemos que no podemos, que nos viene grande, que necesitamos que alguien nos guíe. Claro que los niños no vienen con manual de instrucciones pero, ¿nos prepararon para ser padres?

Sí, vale. Fuimos a la preparación al parto. Pero, ¿después del parto qué? Sí, es verdad nos contaron como cambiar un pañal o como curar el ombligo. Pero alguien, te preguntó ¿qué tipo de familia quieres? o ¿cómo vas a educar a tu pequeño?.

Lo fundamental queda minimizado por lo irrelevante: lo material.

Nadie te preguntará qué estilo de crianza vas a seguir pero seguro que te preguntarán, una gran cantidad de veces, si ya tienes la habitación del bebé preparada, la cuna y mil objetos inútiles. Se preocuparán por el color de las paredes y por el moisés, pero no se interesarán por cómo te sientes o si estás preparada para los cambios que se avecinan.

Y así llegamos al final de la gestación. Sin espacio para la reflexión y sin un minuto para sentarse a pensar. De repente nos vemos con un bebé en los brazos que demanda de nosotras lo que no sabemos si podemos darle. Para colmo según el tipo de parto que hayamos tenido nos sentiremos física y psicológicamente peor preparadas para afrontar tantos cambios de golpe. 

La familia que debería ser un soporte para la madre se convierte, a veces, en un suplicio, visitas interminables, consejos no pedidos, interferencias en el modo de crianza. Porque, hablemos claro, una vez que el bebé ha nacido la madre pasa a un segundo plano. Nadie se preocupa por ella, por cómo se siente. En ocasiones la mamá se encuentra mal por no sentirse extasiada de felicidad.

Pero de estas tinieblas nadie te habla: de lo duro que es el posparto, de las ganas de llorar sin motivo, de que tu bebé al principio es un extraño con el que vas a empezar a construir el vínculo más importante de tu vida, de que te sentirás cansada, triste, agotada, malhumorada y harta en más de una ocasión, de que no reconocerás tu cuerpo y te sentirás como una extraña dentro de ti misma.

El color rosa, para las películas, bienvenida a un mundo de matices.

Al principio, porque la dependencia es absoluta, más tarde porque no comerá lo suficiente o se enfermará con demasiada frecuencia. Cuando eres madre cualquier situación es susceptible de provocarte dolor de cabeza, aunque tus hijos hayan cumplido ya la treintena.

Sin embargo, ser madre es una gran oportunidad para crecer, evolucionar y aprender. Para conectar con nuestro yo, o como dice mi gran amiga Cristina Oliva, para curar esa herida primaria que llevamos inscrita en nuestra piel.

Es el momento de perdonar si es que sentimos que nuestros padres están en deuda con nosotros. Perdonar sus errores y perdonarte a ti misma aquello que hiciste mal. Ahora más que nunca entenderás a tu madre, el enorme esfuerzo que hizo por criarte en este mundo de locos.

Perdonar es un ejercicio liberador que te permitirá criar a tu hijo desde la paz contigo misma. Se trata de aligerar el peso de tu mochila, de disipar tinieblas, de reconectar con nuestra esencia. 

Desde mi experiencia puedo decirte que el principio no fue fácil. Que hubo que empoderarse en algunos momentos, que tuve que aprender a gestionar mis tinieblas de forma más sana, que aprendí  a conectarme con el estado emocional de mi bebé a fuerza de instinto, lectura, escucha y sentido común.

Dentro de ti está la capacidad de ser la madre con letras mayúsculas de tus hijos. En medio de tanto ruido, escucha la voz de tu naturaleza, aquella que te conecta con tu “yo”. Yo la escuché y decidí emprender este camino. Liberándome del peso que traía, perdonando y perdonándome, en un acto de generosidad y de amor propio.

Solo aligerando tu mochila lograrás que la mochila de tus hijos sea más leve y más etérea de lo que fue la tuya.

Si te ha gustado el post comparte 🙂 Me ayudas a que mi mensaje llegue más lejos. Y tú, ¿te has preguntado que llevas en tu mochila? ¿Cuánto pesa? ¿Has empezado a liberar su peso?

Súmate al blog y recibe completamente gratis mi ebook, Guía de Crianza Sostenible: 12 consejos para mejorar tu vida. Y por supuesto, estás invitad@ a mi Comunidad, Mujeres y Madres Sostenibles. Queremos conocerte y que te unas a nosotr@s. ¿Estás preparada para cambiar el mundo?

Estos post te pueden interesar

14 comentarios en “LA MATERNIDAD: viaje al corazón de las tinieblas

  1. Me FASCINÓ este post.
    No me lo vas a creer pero hoy fue la primera clase del curso Puerperio Feliz y adivina cómo se llama el primer punto: “Eres madre, ¿y ahora?”.
    Te podrás imaginar Rosa, que estuve pensando en tus palabras. Sentí que me acompañabas durante la clase y hasta me llevé el post para el grupo privado del curso porque necesito que ellas lo lean y te conozca.
    Éste es uno de mis temas favoritos de la vida, por este temazo de las tinieblas es que nació Soy un Cerezo y me has hecho muy feliz por haberlo publicado.
    Gracias Rosa, por traer este tema del que casi no se habla y que tanto necesitamos difundir.
    ¡Me encantó mucho!
    Y he decidido que será lectura obligatoria en el curso que estoy preparando.
    Gracias, gracias, gracias.
    ¡Te quiero!

  2. Es cierto que nadie nace sabiendo ser padre ni madre y que todos somos un poco la prueba de nuestros padres, es cierto que los miedos estarán ahí porque querremos que nuestros hijos tenga todo y que nada les falte y nada les haga daño, pero al final somos capaces de modificar las directrices con las que fuimos criados, esta en nosotros cambiar la visión y romper con las cadenas de los confusos legados, al menos estoy en esa lucha. ^.^

  3. Yo también pienso que nadie nace sabiendo ser madre pero si que creo 100% que actuamos por instinto y podemos equivocarnos, pero sabemos que lo hemos hecho de corazón. Un post super interesante! Besitos.

  4. No soy madre y creo que aún soy joven para serlo, pero si que creo que se aprende a serlo a medida que pasas el tiempo con tu hijo y vas creciendo a base de experiencias. Muy interesante! Un saludo

  5. Ser madre es vivir con miedo y dudar hasta de tu sombra. Sobre todo con el primero. Los mils se llevan dos años, y las cosas que le pasan al mayor y las dudas en cuanto a su crianza son infinitamente mayores que respecto a la segunda. Y se están criando prácticamente a la vez. Pero esos sentimientos de duda, miedos e inseguridades aparecieron durante el primer embarazo y junto al mayor crecen….

  6. Tengo que reconocer, que en algún momento de tu post se me ha hecho un nudo en la garganta, porque has metido el dedo en algunas de mis llagas.
    Yo soy madre de mellizos. El embarazo fue un poco accidentado, con un par de ingresos por el camino, el parto por cesárea me dejó un mes sin poder incorporarme del todo . y los primeros días en casa… una locura.. El tema de la familia entrometiéndose, 10 años después, todavía me escuece. Todo el día la casa llena de gente que viene a “ayudar”. Dolorida por el postoperatorio, sin dormir, y sin fuerzas para mandar a la mierda…
    Me sorprende como aún hay gente (adulta) que piensa que en cuestión de tener un hijo es como dices, todo de color de rosa. Incluso he llegado a saber de parejas a las que les va mal y deciden tener un hijo porque piensan que así se van a arreglar… WTF?!! Un hijo ( 2 a la vez, ya ni te cuento), sobre todo en los primeros meses, suele ser una fuente de stress que pone a prueba a la pareja. La falta de sueño y de tiempo para uno mismo ponen los nervios a flor de piel, y pueden llevarte a situaciones límite. Evidentemente, si la pareja es sólida, no supondrá mayor problema ( hay momentos buenos también, por supuesto, muchísimos…), pero de que se dan momentos difíciles… se dan.
    Ahora con otra perspectiva, quizá no cometeremos errores que nuestros padres cometieron con nosotros. Cometeremos errores nuevos. No nos podemos obsesionar con ser “perfectos”, y menos aún querer parecerlo aún a sabiendas de que no lo somos. Hay que hacer lo que te dicte tu lógica, tu conciencia y la forma en que quieras enfocar tu familia. Y como dice la canción… al que no le guste, que no mire.
    Besitos!

  7. No soy madre pero tu post me ha encantado porque he comprendido lo mal que puede llegar a sentirse la futura mamá. Y en parte, a pesar de no haber estado embaraza nunca, ni saber que se siente al crear una vida, te entiendo perfectamente, porque ese miedo a no saber que hacer, a no sentirte preparada es lo primero que me viene a la mente cuando pienso en la posibilidad de quedarme embarazada.

    A continuación de ese primer pensamiento que me viene, aparecen todas esas tinieblas que has descrito detalladamente en tu post en ese viaje hacia la maternidad. Creo que ser madre no es tan de ‘color de rosa’ como nos hacen creer desde pequeñas y que muchas cosas de las que se disfruta cuando no se es madre, desaparecen de un plumazo tras serlo. Y debe ser bastante duro verse tan indefensa tras traer a una personita al mundo.

    Me has hecho reflexionar Rosa. Saludos! 😉

  8. No soy madre, pero como últimamente veo muchos bebés y me da por pensarlo. Y sí es cierto, que nadie nace sabiendo ser padre o madre. Que a veces te lo imaginas y crees unas cosas. A la hora de la verdad, como ser humano, o como ser, actuamos por instinto. Mejor, peor, pero lo hacemos como mejor creemos.

  9. Como no soy madre, yo esto no lo entiendo. Pero claro está que ser madre no es un camino de rosas. Y se de gente, que lo ha pasado muy mal, entre ellas mi propia madre.

  10. Ahora mismo no soy madre (quizás en un futuro me lo plantee) pero viendo las situaciones personales y familiares que han vivido personas allegadas a mí tras pasar por un embarazo y los consiguientes cambios que ha supuesto en sus vidas, comprendo muy bien el trasfondo de tu entrada.
    Les cambia por completo su forma y estilo de vida y aunque todo el mundo pinte la maternidad como algo maravilloso e increíble es cierto que existen esos clarooscuros que mencionas, porque todo el mundo está tan obsesionado con lo de “ser la madre perfecta” o “ser buena madre” que a menudo las que vivís esa experiencia tenéis que ocultar cómo os sentís realmente para que no os señalen con el dedo ni lo vea mal la sociedad. Crecéis, evolucionáis y aprendéis, pero no creo que tampoco sea un camino de rosas ni que sea todo tan perfecto como a menudo quiere dar a entender la gente que es.

    Enhorabuena por tener el valor de decir lo que seguramente muchas mamás piensan o han tenido que pasar.

  11. Bueno yo todavía no tengo hijos, pero el peso de algunas responsabilidad que tengo se siente con la poca edad que tengo hasta ahora. Pero para todas las madres que tiene una responsabilidad abrumadora y soy luchadoras de los pies a la cabeza para que todo siga para adelante. Un saludo.

  12. Sí, es verdad que ser madre es el trabajo más duro pero también merece la pena. Te quedas sin vacaciones, sin tiempo para tí (sobre todo los primeros años de su vida), incluso te llevará al límite sacando lo peor de tí misma, pero también sacará lo mejor de tí misma.
    Yo creo que no hay madres perfectas, y que cada una se esfuerza por ir aprendiendo paso a paso, con amor, dedicación y esfuerzo para hacerlo lo mejor posible teniendo en cuenta que no tienen un manual de instrucciones que seguir, van a ciegas.
    Nunca lo había visto de esta manera, de que ser madre enfrente a la niña que eres, a tus recuerdos, miedos, heridas,…
    Yo también creo que mis padres hicieron un buen trabajo, lo mejor que pudieron teniendo en cuenta las circunstancias, que fueron muy duras.
    Supongo que como en todo, siempre tienes dudas, no saber si estar haciendo lo correcto o pensar que lo podrías hacer mejor, es algo que siempre está ahí. ¿Qué tipo de familia quieres? ¿Cómo educar a tu hij@?…
    Pienso que lo peor es que lo demás se metan en todo, que haya personas que quieran quitarte tu lugar y apropiarse de papel como madre y decidir sobre esas cuestiones que tienes que tomar tú junto con el padre de tu hij@.
    Estoy contigo en que la maternidad no es de color de rosa, es un mundo lleno de matices, pero ser madre es una gran oportunidad para crecer, evolucionar, aprender, vivir…
    Un bonito post!! Un beso guapa!!

Deja un comentario

Al enviar aceptas la política de privacidad. Los datos que proporciones al enviar tu comentario, serán tratados conforme la normativa vigente de Protección de Datos y gestionados en un fichero privado por Rosa Martínez Ruiz, propietaria del fichero. La finalidad de la recogida de los datos, es para responder únicamente y exclusivamente a tu comentario. En ningún caso tus datos serán cedidos a terceras personas.

Súmate a Mamá y la Tribu

 

Recibirás la guía de Crianza Sostenible.

Hoy es un gran día para cambiar tu vida. ¿Te atreves?

 
 

You have Successfully Subscribed!

A %d blogueros les gusta esto: