Madres quemadas o el síndrome de Burnout

Madres quemadas o el síndrome de Burnout
Madres quemadas o el síndrome de Burnout

Bienvenida al club de las madres quemadas o que sufren el síndrome de burnout aunque nunca en su vida hayan oído hablar de él.

En el post de hoy vamos a delimitar que es el síndrome de burnout y porque se asocia a las madres agotadas mental y físicamente o también denominadas madres quemadas. Se trata de un problema que cada vez aqueja a más madres debido al ritmo desorbitado de vida que llevamos y a la exigencia desmedida a las que nos vemos expuestas.

¿Qué es el el síndrome de las madres quemadas?

En 1974 el psicólogo Herbert Freudenberger formula su teoría sobre el síndrome de Burnout. La palabra de origen anglosajón es “burn-out” que traducido al castellano significa consumirse o agotarse. En un principio se elabora pensando en un entorno meramente laboral, sin embargo, más adelante, el término se amplía a otros entornos como el familiar.

El síndrome de burnout se aplica desde hace tiempo a madres cansadas aunque también puede utilizarse para referirse a la situación de cansancio del padre. Este síndrome también ha sido denominado síndrome de la madre quemada, en este post utilizaremos indistintamente ambos conceptos como sinónimos.

De igual modo, cuando hablemos de la persona que sufre el síndrome nos centraremos en la figura maternal lo que no quiere decir que lo que se afirma no sea igualmente válido para referirnos al padre que presenta un cuadro de agotamiento extremo similar.

¿En qué consiste? Principalmente en un progresivo agotamiento físico y mental de la madre que lleva a un estrés que se convierte en crónico.

Buscando bibliografía sobre la cuestión no encontré ningún artículo científico que se hubiera detenido a analizar los niveles de estrés de las madres y la incidencia del síndrome de Burnout en este colectivo. La mayor parte de artículos disponibles se centran en entornos laborales relacionados con profesiones relacionadas con el cuidado de terceros.

¿Entonces no existe el síndrome de las madres quemadas?

Sería muy injusto afirmar esto. Ya que cada vez más mujeres afirman sentirse sobrepasadas y estresadas a diario. Aunque el problema sea invisible para gran parte de la sociedad no significa que no exista. Las mujeres siguen llevando el peso de la vida familiar, asumiendo una carga que en muchos momentos se puede tornar insoportable.

Otra cuestión es si alguien en algún momento se tomará la molestia de recabar estos datos y hacer un estudio que demuestre que las madres soportan unos niveles de estrés muy altos y que necesitan de una red de apoyo físico y emocional.

Los síntomas del síndrome de las madres quemadas

Repasemos los síntomas y veamos si compartimos alguno de ellos. Podemos encontrar síntomas a nivel emocional y a nivel físico. Comenzaremos haciendo un repaso por los síntomas emocionales.

Síntomas emocionales del síndrome de las madres quemadas

Uno de los síntomas emocionales más representativos es la irritabilidad y el mal humor generalizado. Todo nos molesta y el más mínimo contratiempo nos genera un enorme enfado o malestar. Nuestra reacción ante determinadas situaciones de la vida es de agobio continuo ya que nuestra resistencia al estrés cada día está más mermada.

Otro síntoma visible es la falta de energía. Parece que la más mínima cosa cuesta un gran esfuerzo, como bañar al niño, ir con él a la compra o sentarnos a la mesa a comer todos juntos. Interrelacionado con este síntoma está la desmotivación, la madre no tiene ilusión por nada y empieza a no disfrutar de pasar tiempo con sus hijos, al contrario, se convierten en una pesada carga. Esto se adereza con buenas dosis de culpa.

A nivel mental notamos un gran agotamiento que está relacionado con un deterioro cognitivo que se ha puesto en marcha y que nos puede provocar confusión, pérdida de memoria, falta de concentración y despistes varios que agravan la situación y nos hacen sentirnos inútiles.

Un síntoma muy significativo es el insomnio. Estamos agotadas pero nos metemos en la cama y somos incapaces de conciliar el sueño. De pronto, todas nuestras preocupaciones rondan por nuestra cabeza y nos generan una gran angustia. También puede ser que nos durmamos y nos despertemos a mitad de la noche con palpitaciones o en alerta y luego no podemos coger el sueño de nuevo. Al día siguiente  estamos agotadas pero cuando llega la noche la situación se repite.

Uno de los síntomas menos visibles y más preocupantes son los estados depresivos que pueden pasar desapercibidos por el entorno porque la madre finge una aparente normalidad.

Posiblemente ni siquiera sea consciente de que ha entrado en estado depresivo.  Puede sentirse invadida por la tristeza y por sentimientos negativos que, en ocasiones, no se atreve ni a confesar a su pareja.

Síntomas físicos del síndrome de las madres quemadas

Los síntomas físicos pueden confundirse con alguna enfermedad  ya que el estrés al que nos vemos sometidas altera el equilibrio de nuestro cuerpo.

Es muy habitual tener problemas gastrointestinales de forma continuada, parece que nada nos sienta bien o que no se nos asienta el estómago. Podemos incluso perder peso porque el estrés nos cierra la boca del estómago y nada nos entra, o por el contrario, comer de forma desaforada y sin control, como una forma de acallar nuestro malestar.

Se puede ver afectado nuestro aparato cardiovascular por un incremento de la tasa cardíaca y podemos sufrir arritmias cardíacas. Nuestro sistema inmunológico se deprime y estamos más expuestas a virus y nos enfrentamos con menor fuerza a ellos, por lo que tendemos a enfermar más a menudo.

Los dolores de cabeza son continuos, es muy común sufrir la típica cefalea tensional que puede incluso incapacitarnos y llevarnos a la cama. Son esas migrañas que nos impiden incluso pensar. También se asocian al burnout los problemas musculares, contracturas y dolores articulares que podemos notar al despertar o al poco de meternos en la cama.

¿Soy una madre quemada?

¿Te has sentido identificada con alguno de estos síntomas? ¿Significa que sufro este síndrome?

Ante todo deberíamos ser prudentes y saber delimitar entre un estrés puntual motivado por una situación concreta y una situación de estrés sostenida en el tiempo.

Lo que sí es cierto es que en más de una ocasión nosotras nos hemos sentido quemadas o hemos tenido cerca de nosotras a una madre con unos niveles de estrés muy elevados. Madres a las que cualquier contratiempo las saca de sus casillas.

Es habitual en los grupos de madres encontrarnos con mujeres que muestran su descontento o se sienten desbordadas por la crianza de sus hijos. En ocasiones se sienten juzgadas por otras madres por sentirse mal o por tener pensamientos negativos. Lo que agrava la sensación de incomprensión. Ya explicaba en el post, la maternidad juzgada: aprendiendo a no juzgar, lo importante que es no juzgar a otras madres sino sostenernos y acompañarnos en la crianza, la importancia de la tribu.

¿Cómo reacciona nuestro cuerpo ante el estrés?

Me parece vital detenernos en esta cuestión porque sabemos que es el estrés pero desconocemos como se activa y que efectos tiene sobre nuestro cuerpo.

La supervivencia activa una serie de mecanismos cerebrales relacionados con la lucha/huida. La amígdala que es el centro de nuestra memoria emocional cumple un papel muy relevante ya es la estructura encargada de evaluar si el estímulo es positivo o negativo. Para entendernos, ella decide si debemos dar la voz de alarma o debemos permanecer relajadas.

Si la alarma se produce, la amígdala activa al hipotálamo que nos prepara para dar una respuesta al estrés. El hipotálamo pide ayuda a sus amigas, las glándulas suprarrenales, situadas en los riñones que cuentan con muchas otras amigas dispuestas a responder inmediatamente.

¿Cómo lo hacen las glándulas suprarrenales? Regulando la secreción de distintos tipos de hormonas como los corticosteroides y las catecolominas. Dentro del grupo de la catecolominas nos encontramos con tres sustancias importantes: la adrenalina, la noradrenalina y la dopamina.

Estas tres amigas en momentos de estrés se introducen en el torrente sanguíneo de forma masiva. Tiene sentido, su objetivo es dar una respuesta inmediata y contundente.

¿Entonces el estrés es el malo?

Ni bueno ni malo. Cuando cumple su función adaptativa podemos considerarlo un estrés positivo que nos permite afrontar una situación puntual y dar una respuesta adaptativa.

Por ejemplo, mi hijo echa a correr hacia la carretera. Automáticamente mi amígdala y mi hipotálamo se ponen en marcha y en cuestión de segundos las catecolominas se han vertido de forma vertiginosa en mi torrente sanguíneo y me han activado. De pronto, estoy corriendo más rápido que él para alcanzarlo e impedirlo. Y por supuesto, consigo mi objetivo, detenerlo antes de que ponga un pie en la carretera.

¿Cuál es el problema con el estrés mantenido en el tiempo? El principal inconveniente es que este estrés no es adaptativo. Nuestro cuerpo está preparado para afrontar un estrés puntual no para enfrentarnos a un estrés sostenido. Sencillamente no podemos mantener la respuesta con la catecolominas, ya que duran poco tiempo en nuestro torrente sanguíneo.

Necesitamos refuerzos y entonces nos unimos a otra glándula endocrina, la hipófisis y se forma el eje del mal, como yo lo denomino, comúnmente llamado eje hipotalámico-hipofisario. Y además contratamos a un guardia de seguridad que trabaja durante más tiempo, el cortisol que se libera de forma más lenta en nuestro organismo y sus efectos son más duraderos. El problema es que se mantiene durante bastante tiempo en nuestro cuerpo aunque la amenaza ya no exista.

Cuando sientes que solo sobrevives

Por desgracia, si el cortisol se mantiene durante mucho tiempo podemos decir que hemos entrado en un estado de estrés crónico o mantenido, también denominado estrés negativo o distrés.

Cuando llegas a esta situación de desbordamiento o de agotamiento extremo solo piensas en sobrevivir y empiezas a funcionar en piloto automático, cumples con tus obligaciones como una autómata.Querrías llorar pero ni siquiera tienes tiempo para eso. Y ni se te ocurra quejarte que cualquiera aprovechará para darte unas cuantas lecciones de crianza gratuitas o te dirá que eres una niñata egoísta e inmadura.

¿Son conscientes nuestros hijos de que nos sentimos quemadas?

Por supuesto, tus hijos lo notan, lo perciben y lo absorben como esponjas. Y también su comportamiento puede verse alterado por la situación porque el entorno calmado es ahora un entorno tenso y el niño no entiende que ha pasado ni por qué.

En modo madre quemada pueden darse diferentes situaciones: que la madre dejé de prestar atención al niño y esté haga lo imposible por llamar la atención de mamá, a veces, haciendo lo que precisamente más nos molesta;

Que el niño perciba la tensión y se contagie de ella poniéndose insoportable o expresando su incomodidad con el llanto algo que puede provocar en la madre aún más desasosiego y malestar.

Que la madre esté tan tensa que cualquier reacción del niño provoque una reacción desproporcionada e incluso violenta. La madre no para de regañar, de enfadarse por todo. A veces ni siquiera puede controlar su ira.

¿Es culpa de tu hijo que tú te sientas sobrepasada?

No, en absoluto. Y lo sabes. No deberíamos echarle la culpa de nuestro enfado o de nuestra falta de autocontrol. Estamos proyectando en ellos nuestra propia frustración y eso es profundamente injusto.

No es la primera vez que una madre me consulta porque cree que su hijo tiene un comportamiento inadecuado o molesto e indagando en la cuestión descubro que el problema no es del niño sino del adulto. La madre está quemada por un montón de cuestiones que revisaremos más adelante pero pone el foco en su hijo, en lo que hace, en lo que no hace, todo es motivo de crispación. Sin embargo, no es consciente de cómo se  comporta con él, de cómo le habla, de cómo se establece el intercambio comunicativo.

Nuestros hijos son un espejo de nosotros, así que está bien que revisemos lo que reflejamos.

Nosotras somos las adultas, las personas encargadas de su bienestar y de crear un ambiente seguro y relajado, no deberíamos olvidarlo nunca.

Pero no estamos relajadas y no somos felices. El malestar no está en ellos sino en nosotras y tenemos que ser consciente de ello. Tampoco deberíamos fustigarnos y sentirnos culpables por no reaccionar de una forma calmada y serena. Somos madres y somos humanas y podemos equivocarnos, nunca me cansaré de repetirlo. Tomar consciencia y racionalizar el problema es un gran paso.

El punto de inflexión

Siempre hay un punto de inflexión que nos hace replantearnos que estamos haciendo. Generalmente suele ser una situación de crisis o un acontecimiento inesperado que mueve nuestros cimientos por completo y nos sitúa de frente ante un problema que hasta ahora hemos ignorado, hemos normalizado o hemos relegado para más tarde.

Puede ser que hayamos enfermado nosotras o uno de nuestros hijos, que nuestra relación de pareja se haya deteriorado con la misma rapidez que tu paciencia. No importa lo que te ha colocado ahí y lo que te ha abierto los ojos.

Pero hoy de repente eres consciente de que no quieres vivir así. No quieres sentirte quemada, no quieres sentirte cansada, sobrepasada, harta. Ansias disfrutar de tu maternidad y de la crianza de tu hijo.

Respira

Sí, respira. Coge aire y suéltalo lentamente. No estás loca, no eres una mala madre, ni un ser monstruoso. Eres una mujer sobrepasada por las responsabilidades y muy cansada. No estás sola. Somos muchas mujeres las que nos hemos podido sentir agotadas, quemadas y desbordadas en algún momento o durante una temporada.

Y estamos aquí para comprenderte y apoyarte en este proceso de cambio y de consciencia.

¿Cómo hemos llegado ahí?

Imagínate tratando de subir el Everest en deportivas, ¿sería fácil? Si eres Kilian Jornet seguro que está a tu alcance está proeza, pero el común de los mortales necesita ir equipado para subir esta montaña. Es más, seguramente, la mayor parte de las personas no subirían el Everest en soledad sino acompañados.

¿Por qué encaramos la maternidad y la crianza en soledad entonces?

Hay muchos motivos que nos han podido llevar a convertirnos en una madre quemada, una de los motivos más importantes es la soledad. Una madre que cría sola, que no tiene apoyos cerca y que siente que no puede desahogarse, acaba por sentirse desamparada e incomprendida.

Nunca me cansaré de insistir en lo importante que es tener una tribu que te proteja, que te comprenda y que te arrope cuando lo necesites. Del enorme valor que tiene un abrazo o una palmada de ánimo cuando estamos bloqueadas y sólo queremos salir corriendo.

Síndrome de burnout laboral

Como ya comentaba al inicio el síndrome de burnout comenzó siendo aplicado a los entornos laborales. Muchas de nosotras además de madres también somos mujeres trabajadoras y podemos vernos afectadas por él.Nuestro entorno laboral y el nivel de exigencia que nos impone nuestro empleo puede ser determinante para sufrir un estrés crónico.

Una madre estresada en su trabajo o con una gran carga de responsabilidad laboral, tiene más posibilidades de convertirse en una madre quemada.

Por no hablar de las presiones laborales para que no opte por una reducción de jornada para cuidar de sus hijos. Es un secreto a voces que a las mujeres que son madres se les exige más en su puesto de trabajo. Se considera injustamente que se ausentará más que un hombre cuando sus hijos se pongan enfermos o necesiten ir al médico. De nuevo la responsabilidad del cuidado de los hijos recae única y exclusivamente en las mujeres.

Las madres quemadas y la falta de descanso

Otra causa fundamental para que se desarrolle el síndrome la madre quemada es el cansancio acumulado.

Cuando nuestro hijo es un recién nacido apenas dormimos pero vivimos con la esperanza de que la situación se revertirá más pronto que tarde. Más adelante descubres que el dormir ya no volverá a ser lo que era. Yo era una persona que necesitaba dormir entre 8 y 10 horas para levantarme descansada, desde que soy madre duermo de media unas seis horas con su posibles despertares nocturnos incluidos.

No dormimos bien y no paramos en todo el día por lo que acabamos sintiéndonos agotadas la mayor parte del tiempo. Llegas a las 10 de la noche fundida y si tu hijo es como el mío que se reactiva por los noches todavía te queda un rato por delante antes de dormir. Sean cuales sean tus circunstancias familiares no parar tiene un precio.

El cansancio es acumulativo por lo que existe una potente razón por la que te sientes tan cansada. Y esto genera una serie de efectos en nuestra salud que se relacionan con el síndrome de la madre quemada como la irritabilidad, la depresión o la ansiedad.

¿Qué puedo hacer si sufro el síndrome de las madres quemadas?

En primer lugar, delimitar si estamos pasando por un período de cambio que nos esté provocando un pico de estrés. Puede ser que hayamos sido madres recientemente y todavía estemos reajustándonos con nuestro bebé y nuestra nueva vida. Que hayamos cambiado de trabajo y nos estemos adaptando a las responsabilidades y deberes de mi nuevo empleo. Tal vez nos hemos mudado a otro sitio y estamos habituándonos a nuestro nuevo entorno.

Los cambios aunque sean deseados y queridos pueden provocarnos un gran estrés y malestar. Incluso nos podemos plantear si nos hemos equivocado tomando la decisión de adoptarlos.

Puede ser que no se haya producido un cambio pero que me sienta muy cansada, debido a lo que comentaba antes, el cansancio acumulativo. Y esto me genera un sentimiento de agotamiento mental y físico.

Consejos prácticos para superar el síndrome de burnout maternal

Las razones que me han llevado a sentirme quemada pueden ser muy variadas lo que importa es como me enfrento a esta situación y que hago para revertirla a mi favor. Vamos a ofrecerte una serie de consejos prácticos para ayudarte a superarlo.

Busca apoyos en tu entorno

Deberíamos buscar apoyos en nuestro entorno para rebajar nuestro nivel de estrés. La primera persona en la que pensamos es nuestra pareja, es la persona con la que convivimos y el padre de nuestros hijos. Si él puede durante una temporada estar más presente y ofrecerte ese apoyo que necesitas sería perfecto.

Puede ser que él también se sienta quemado o estresado y no pueda responder a esa demanda. Entonces buscaremos en el entorno a alguien que pueda echarnos una mano una temporada, ya sean los abuelos o una amiga.

Tira de tu tribu de amigas. La tribu es fundamental para arroparte pero también para ayudarte cuando lo necesitas. Si tengo un grupo de madres de apoyo es mucho más fácil delegar o pactar momentos en soledad para poder recuperar el equilibrio perdido.

También tenerlas a tu lado es fantástico para desahogarte, el mero hecho de expresar lo que sentimos supone un alivio inmediato. Pero además vas a encontrar un lugar donde te vas a sentir comprendida y escuchada.

Rebaja tu nivel de exigencia

Te encuentras en un momento de desbordamiento emocional así que la plancha puede esperar al igual que cualquier tarea doméstica que no sea prioritaria. Por supuesto, trata de no ponerte tareas imposibles que debes cumplir sí o sí todos los días. Vivir no es una gymcana. Céntrate en lo prioritario e imprescindible y pospon todo lo demás para cuando te sientas más fuerte.

Haz las cosas con calma y sin prisas. No estamos corriendo una maratón y de todos modos llegaremos aunque sea unos minutos más tarde. Si el tiempo es lo que te abruma, sal con mucho tiempo de antelación de casa. Y acepta que nuestros hijos tienen sus propios ritmos.

Recupera tu espacio

Uno de los problemas del síndrome de la madre quemada es que nos hemos relegado al último lugar. Nos hemos olvidado de nosotras y de nuestras necesidades. De nuestra necesidad de darnos una ducha tranquilas, de sentarnos a leer unos minutos o de no hacer absolutamente nada.

Es vital que si te sientes estresada hagas algo que te haga sentir mejor y te de un chute de energía. El bienestar personal es fundamental para mantener nuestro equilibrio mental y físico. Si nosotras estamos bien, nuestros hijos estarán bien. Nosotros somos el motor y el corazón de nuestras familias.

¿Cuándo deberías buscar ayuda profesional?

Esto es algo muy personal y depende de la persona y de la valoración que haga de su situación. Sin embargo, deberíamos tener en cuenta que pedir ayuda a un profesional es algo positivo y nos puede ser muy útil para afrontar el síndrome de la madre quemada.

Un especialista conoce el síndrome de Burnout y cómo afrontarlo de la mejor manera posible según tus rasgos de personalidad y tus circunstancias. Si sientes que ya no puedes más y que la situación te sobrepasa es el momento de buscar ayuda. Es más, no deberíamos esperar a sentirnos desesperadas. Si hoy siento que soy infeliz y que no puede manejar la situación, es buena idea al menos planteármelo.

Espero que este post te haya sido útil para entender que es el síndrome de la madre quemada y cómo podemos afrontarlo. Por supuesto, nuestra personalidad, nuestros éxitos y nuestra capacidad de resolución de problemas son básicos para la superación de esta situación de estrés extremo.

Recuerda no obstante que no estás sola, ya sea en mi tribu presencial o en mi tribu online siempre serás bienvenida. Quizás no podamos solucionar el síndrome pero podemos escucharte, arroparte y comprenderte. Y además sacarte la mejor de las sonrisas.

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13 comentarios en “Madres quemadas o el síndrome de Burnout

  1. me ha gustado el post, la verdad es que desconocía que existía este síndrome pero seguro que hay un montón de padres que lo deben sufrir con el tipo de vida que llevamos hoy en dia, esta bien estar informado aunque cerca de mi no hayan niños

  2. no conocia este sindrome, creo que muchos subestiman el trabajo de las madres al crias hijos y hacerce cargo de la casa. muchos ni consideran trabajo. tal vez si los hombres ayudaran mas que en algunos casos asi es ayudaria que la mujer no termine asi. muy intructivo el post.

  3. ¡Hola!
    Conocía el Síndrome Burmout pero no focalizado en la marternidad. Es más, en la facultat (fisioterapia) lo enfocaron hacia el campo laboral, pero claro está, ser madre o padre, también es un “trabajo”. Y que no se me mal interprete cuando digo que es un trabajo, sino que a lo que me refiero es que los niveles de estrés, desgaste físico y emocional, etc, pueden ser aun mayores que el más duro de los trabajos, porque vamos de un trabajo puedes desconectar, pero de la maternidad no puedes y la implicación es máxima (o debería).
    Me parece un post súper interesante de principio a fin, y que de seguro a muchos padres le va a ser de utilidad.
    Besotes

  4. Definitivamente dicen que aprendemos algo cada día! y es mi caso
    No sabia la existencia del burout! al leer el título pensé que era algo más físico que mental.
    Y me da mucha pena todas las madres que puedan sufrir este síndrome, porque aunque digan algunos que no es una enfermedad y que es psicológico pues es algo real!! que muchas mujeres lo padecen , hoy mas que antes, el nivel de presión debe ser increíble!! no solo el peso de los hijos, sino, la casa, el marido si es que hay alguno.
    Gracias por compartir!
    bisous

  5. Hola, un post muy práctico, ojala lo hubiera leído hace años, cuando mi hija era pequeña y sufrí un pequeño burnout, sin saberlo, claro. Me ha gustado saber algo más sobre el estrés, no tenia ni idea de que existiera el estres positivo y negativo, y qué razón tienes planteando el ejemplo de cuando nuestro hijo se nos escapa, y salimos detras sacando fuerzas no sé de dónde. Muy de acuerdo en relajar el nivel de exigencia y recuperar tu espacio, y volver a ser mujer, porque terminas convirtiendote solo en madre. Gracias por el post, lo recomendare.

  6. Hola guapa, no veas lo identificada que me he sentido con este tema aunque ahora mismo me encuentro mucho mejor pero ha habido momentos puntuales que telita.. la verdad es que debemos cuidarnos bien para ser capaces de cuidar a los demás, en concreto a nuestros hijos, y aunque a veces no es fácil hay que pararse, respirar y concienciarnos que si no estamos bien difícilmente todo puede ir bien. Descansar, cuidarnos y mimarnos para mí los mejores tips para combatir esto! Muaksss

  7. Creo que una cosa que nos agobia sobremanera es el ritmo de los peques como bien dices…
    Nosotros queremos todo para antes de ayer siguiendo unas pautas para llegar a todo, y ellos no entienden de tiempos y va a su ritmo cosa que cuando tenemos prisa nos acaba de desesperar todavía mas…
    Una cosa, mas otra mas otra… Al final llegamos a un agotamiento mental que es muy superior al físico y mucho mas dificil de superar.

  8. Me ha gustado mucho el post. Y qué razón llevas. Yo he pasado por ello a nivel laboral y, en cierto modo, se había contagiado también a nivel familiar. Pero todo se puede superar con empeño y fuerza de voluntad. A veces el estrés también viene por causa de nuestro afán de perfeccionismo y de intentar llegar a todo. Es buena idea levantar el pie del acelerador!

  9. Creo que todas las madres en alguna etapa de la crianza hemos sufrido del Síndrome de Burnout, me sentido identificada con algunos de los síntomas y es algo que requiere de fuerza de voluntad para superar esta etapa, seguro será de mucha utilidad este post para las madres que andan agobiadas con la rutina.

  10. Conozco varias mamás en esa situación. Es más común de lo que podemos llegar a imaginar. El estrés que produce la maternidad puede ser muy alto, y sobre todo, como bien explicas sostenido. Cuando más he visto estos casos, es en mujeres que están o se sienten solas, generalmente se encuentran lejos de su familia y su tribu y no les ha sido fácil construir una nueva. Los grupos de apoyo de mujeres, y en algunos casos la ayuda profesional, son cruciales para poder superar estos episodios. Me alegra mucho que hayas escrito sobre este tema, darlo a conocer y difundirlo puede ayudar a muchas mujeres 🙂

  11. Lo que está claro es que no estaremos criando niños felices, hasta que no podamos asegurar una maternidad feliz para sus madres. Ya desde el parto (que no siempre es lo íntimo y agradable que una querría) y su consecuente depresión postparto (en mi opinión agravada por lo anterior), los cimientos para una maternidad serena no están siendo los que necesitamos A eso, hay que sumar las críticas y la presión del entorno familiar, que puede llegar a ser insoportable. Y además, esta sociedad está más centrada en mantener un nivel económico que en el bienestar de sus ciudadanos. Todo se enfoca a la economía (¿hay alguna madre que haya conocido eso de la conciliación?) y mientras no pongamos por delante lo primero (nuestros niños, la familia), seguiremos hablando de estos síndromes, y los que vendrán. Hay mucho trabajo por hacer y solo deseo que cada día seamos un poco más civilizados… pero de verdad.
    Un buen artículo, muchas gracias.
    Saludos.

  12. Hola. Había escuchado sobre la depresión post parto pero no este síndrome. Al final con o sin un nombre se trata de estrés y como bien señalas cuando el cortisol se produce de forma excesiva y se mantiene como inquilino permanente en el cuerpo va a causar muchos desajustes. Es valioso lo que le explicas porque definitivamente las mujeres cedemos mucho espacio al rol de mamá y no es justo ni para nosotras, ni para los hijos (que pareciera que adquieren una deuda de por vida con tanta entrega) ni para la pareja cuando la tenemos porque sin darnos cuenta los dejamos relegados. Una palabra que conecto con tu post es equilibrio. Hay que entender que aunque es un rol maravilloso y bello no se puede volver el centro y menos el todo de nuestras vidas. Cuando lo hacemos así es perjudicial y fácilmente nos puede quemar en el proceso y si algo he aprendido es que la mujer es la energía del hogar. Cuando una se siente bien aunque haya desafíos, el hogar se mantiene bien; cuando la mujer está enferma la energía del hogar cambia. Gracias por tu post, muy instructivo y útil.

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