CRÓNICA DE UNA HIPOGLUCEMIA NEONATAL 1ª PARTE: Nuestro piel con piel frustrado

Nuestro piel con piel frustrado

El post de hoy es muy personal, tanto que he tardado casi dos años en publicarlo. El detonante ha sido una consulta que me llegó esta semana.

Una mamá me escribió porque necesitaba conocer mi experiencia, ya que su pequeña también era un CIR. Resultó que nuestras historias eran muy similares y ella necesitaba saber cómo había sido mi experiencia. Así que este post va con dedicatoria: para ti Paloma.

Relatar esta vivencia tan dolorosa ha sido muy difícil, os pido paciencia, he necesitado extenderme mucho así que el post está dividido en dos partes. Hoy os dejo la primera entrega. Se trata de remover algo que para mí tiene una gran carga emocional. Pero es el momento de dejar fluir y de compartir esta historia con la esperanza de ayudar a otras madres en ese trance tan difícil de pasar los primeros días de vida de su hijo separadas de él.

Mi parto fue un parto inducido en la semana 36+5. Las que habéis seguido mi historia sabéis que la inducción planeaba desde que diagnosticaron a mi bebé como un CIR. Si tenéis curiosidad por conocer cómo fue el parto os dejo las dos entradas donde lo cuento: Mi parte Inducido: parte 1. y Mi parto inducido: el desenlace.

Mi peque no crecía, había sido diagnosticado como un CIR de tercer trimestre. Para quien no sepa que es un CIR se trata de la disminución patológica del ritmo de crecimiento del feto mientras se desarrolla dentro del útero. En el post Mi peque, un CIR puedes encontrar más información.

Cuando te plantean una inducción al parto te mentalizas de ir preparada para todo. Sabes que el parto será largo y doloroso, que es muy posible que acabe en una cesárea o en una intervención de urgencia. Pilar, mi matrona, siempre dice que cuanto más tiempo en el hospital, más tiempo les das para que se les ocurran ideas. Y bueno, esas ideas suponen una intervención tras otra.

No era el parto que quería ni el que había soñado pero lo afronté de la mejor manera posible porque piensas que todo termina con tu hijo en brazos. Con el piel con piel soñado. Has visualizado esa imagen, está en tu mente. Eso te anima a sobrellevar el trabajo de parto. Solo es un rato y podrás disfrutar de tu tesoro. De ese ser que ha crecido dentro de ti y al que por fin pondrás cara, al que podrás abrazar. Empieza tu aventura como madre.

Tras casi treinta horas de parto mi hijo nació con fórceps, maniobra de Kristeller incluida en el pack de la inducción. Una de las cosas que recordaré siempre es que mi bebé no lloraba. Tardó unos segundos en respirar, segundos que para mí fueron interminables. El papá que estaba a mi lado trataba de tranquilizarme. Pero yo solo podía repetir: ¡no llora!, ¡no llora!.

Pasado el susto y una vez que comprobaron que todo estaba bien pude conocer a mi pequeño. El momento más importante de mi vida. Mi pareja me cuenta que me lo enseñaron nada más nacer pero yo no recuerdo esa imagen. No sé por qué no se grabó en mi mente, quizás porque estaba demasiado aturdida y cansada.

Una vez le tuve entre mis brazos enseguida le ofrecí el pecho y mi felicidad fue máxima. Por fin éramos una familia.

Nadie esperaba en la sala de espera porque yo había decidido no avisar a la familia de la inducción. Teníamos todo el tiempo del mundo para conocernos, o al menos, eso creía yo.

Si había tomado la decisión de no informar de la inducción era porque deseaba tranquilidad, no quería subir a planta y encontrarme la habitación llena de gente. Necesitábamos intimidad. Queríamos disfrutar de nuestras primeras horas juntos como familia. Era nuestra elección.

Pero el hombre propone y Dios dispone. La maravillosa estampa familiar se quebró pocos minutos después. Mi pequeño dejó de respirar. Literalmente, se puso azul.  Habían pasado solo diez minutos.

Llamamos corriendo y la sala en un momento se llenó de médicos, y enfermeras mientras nos mirábamos llenos de angustia. Parecía que recuperaba la respiración. Uno de los enfermeros que me había asistido en el parto nos dio una posible explicación: era un signo de sufrimiento fetal. En vez de dentro del útero lo había sufrido fuera.

El expulsivo se había complicado mucho, el bebé no tenía fuerza para bajar por el canal del parto y empezaba a estar fatigado. Así que intervinieron de urgencia porque temían por su bienestar fetal

El enfermero también nos dijo que era frecuente que los bebés prematuros dejasen de respirar, era como si olvidasen hacerlo.

Debemos recordar que hasta el nacimiento el feto recibe el oxígeno a través de la sangre que le llega del cordón umbilical. No debe hacer ningún esfuerzo por respirar. Al nacer el bebé debe realizar una primera inspiración, pero algunos bebés ya sea por ser prematuros, por una inmadurez en los pulmones o por sufrimiento fetal no logran hacerla correctamente. Posiblemente por esa razón mi peque tardó tanto tiempo en respirar. El test apgar así lo confirma, pero eso nadie nos lo explicó. Lo leímos después en el informe del hospital.

Aunque parecía que se recuperaba decidieron subirlo a neonatos y hacerle una exploración más exhaustiva. Entre otros parámetros necesitaban medir su nivel de glucosa en sangre.

Entonces se lo llevaron.

El papá fue tras él, así lo acordamos, no quería que le perdiésemos de vista. Yo me quedé sola y recién parida en aquella habitación inmensa y fría, ajena a lo que estaba ocurriendo con mi bebé una planta más arriba. Estaba asustada, ¿y si dejaba otra vez de respirar?

Pero en esta vida siempre hay gente buena que aparece en los momentos más insospechados, como un ángel que te ilumina. Una auxiliar se quedó a mi lado, consolándome. Me ayudó a encontrar mi móvil, así al menos, estaba conectada con el papá. Trató de entretenerme, me dio conversación, fue amable. Es algo que no olvidaré nunca y de lo que le estaré toda la vida agradecida.

Los minutos pasaban y seguía sin tener noticias de mi pequeño, minutos en los que todo pasa por tu cabeza. En los que te pones en lo peor. Temí perder a mi bebé recién nacido, no quería pensarlo pero era inevitable. ¿Por qué nadie me decía nada?

Menos mal que al rato mi pareja me mandó una fotografía de mi peque. Estaba en observación en neonatos. Pude respirar más tranquila aunque solo deseaba estar con él. Tras un tiempo prudencial me subieron a planta aunque casi no podía moverme, la epidural me había hecho tanto efecto que no podía mover las piernas.

Una vez que estuve arriba el estrenado papá trató de explicarme lo que pasaba: aunque enseguida había vuelto a respirar creían que era mejor observarle, por si había algún problema respiratorio que no se hubiese detectado al nacer. Está ingresado en neonatos en observación. Si todo iba bien en un rato nos lo traerían a la habitación.

El rato se convirtió en cuatro interminables días. Aquello que no deseaba que pasase, pasó.

Meses antes me había cambiado de hospital porque me negaba a que me programasen una cesárea en la semana veinte. Una de las razones en las que basaba mi decisión era que no quería separarme de mi hijo durante el tiempo de reanimación. Quería hacer el piel con piel con mi bebé al nacer. Sabía que en ese hospital por protocolo no se permitía al bebé estar con la madre en la sala de reanimación.

¿Por qué era tan importante para mí?

Durante las dos primeras horas de vida se abre lo que se conoce como período sensitivo. El bebé es capaz de reconocer a su madre si está en contacto con su piel. Ese contacto ayuda a estabilizar la temperatura corporal del bebé, a establecer un vínculo afectivo con la madre y contribuye al desarrollo de la lactancia.

Uno de mis deseos era darle el pecho a mi pequeño y había leído que si el bebé se enganchaba al pecho durante esas primeras horas la lactancia tenía más posibilidades de instaurarse con éxito. Sin embargo, el piel con piel duró diez minutos. El poco tiempo que compartimos al nacer. Cuando me subieron a planta y pude volver a verle el período sensitivo ya había pasado.

Me había informado tanto que no estaba preparada para una situación que no encajase dentro de lo que había leído. En las maravillosas guías que había manejado no se contemplaba la posibilidad de que tu hijo fuese separado de ti sus cuatro primeros días de vida.

Toda la información que tenía fue inútil, sabía lo que tenía que hacer si todo iba bien. Sin embargo, no tenía información sobre qué hacer si las cosas van mal. ¿Qué hacer si la situación no es la que esperas? De eso nadie te habla, para eso nadie te prepara.

La bofetada te las llevas directamente sin miramientos y en frío.

En cuanto me encontré un poquito mejor fuimos a la sala de neonatos, yo aún iba en silla de ruedas, seguía sin poder mover las piernas. Era sábado por la tarde y allí no había nadie que pudiese informarnos de que pasaba. Tan solo nos dijeron que había sufrido una hipoglucemia. Por ello, debía quedarse hasta el día siguiente en la unidad.

Yo quería tomarlo en mis brazos, ofrecerle el pecho. Estaba ansiosa por iniciar la lactancia. Pero me dijeron que no, que debía descansar. Le habían dado leche de fórmula enseguida para corregir la hipoglucemia, y debíamos esperar.

Decisión tomada sin consultarnos. No voy a entrar en si la decisión era adecuado o no porque no soy médico. Pero al menos merecíamos ser informados de ello. Todo esto en un hospital supuestamente amigo de los niños según la OMS.

Nos acercamos a la cuna. Mi peque dormía plácidamente en una cunita diminuta, tan diminuta como lo era él. Deseaba abrazarlo, besarlo, estrecharle entre mis brazos y decirle lo mucho que lo quería.  Pero apenas pude hacerlo, según las enfermeras había que dejarlo tranquilo. Velamos su sueño y al rato nos marchamos, estorbábamos allí.

Hoy vivo la escena y me indigno de nuevo. Me enfado conmigo misma por no haber opuesto resistencia. Por no haberme quedado allí a su lado, me costó meses perdonarme. Pero estaba muy cansada, débil, después de tantas horas de parto, me dolía todo el cuerpo y nos sentíamos perdidos ante aquel giro inesperado. No estábamos preparados para este escenario que en nada se parecía al que habíamos planeado.

Volvimos a la habitación por un rato, una habitación en la que todo estaba preparado para recibir un bebé que no estaba.  Ver la cuna vacía fue demoledor. Se nos cayó el alma a los pies. Solo queríamos tener a nuestro peque con nosotros y empezaba a hacerse dura la espera.

Descansamos un rato y volvimos. Nos dimos un nuevo susto. Tenía una vía conectada a su bracito y una serie de monitores que chequeaban todo el tiempo sus constantes vitales. De nuevo no entendíamos nada.

Preguntamos de nuevo y no supieron decirnos el porqué. Me prohibieron la lactancia hasta el día siguiente, hasta determinar su evolución. La persona que dio esta orden manejaba información desactualizada, ya que desde hace algunos años se estima que la leche materna es lo mejor para alimentar a los bebés con niveles de glucosa bajos.

Pero en aquel momento eso no lo sabía y cumplí con las indicaciones médicas. Tomé a mi peque en brazos, lo besé, lo hablé como siempre había hecho pero no le ofrecí el pecho. Nos marchamos a medianoche con la esperanza de tenerle a nuestro lado al día siguiente.

Ese fue nuestro primer día en neonatos: sin piel con piel, sin lactancia y sin apenas presencia materna. Se me rompe el corazón al pensar que no pudimos estar juntos en sus primeros días de vida. Sufro al pensar lo desorientado que debió sentirse ante un mundo nuevo y desconocido sin el cálido regazo de su madre.

Este fue solo el primer día, nos esperaban otros tres días llenos de sobresaltos y sinsabores. Pero para eso habrá que esperar al próximo jueves.

Si tú también quieres compartir tu experiencia, deja un comentario. Si te gusta lo que lees te invito a mi recién estrenada Comunidad. Únete al grupo Mujeres y Madres Sostenibles. Estamos deseando conocerte. 🙂

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19 comentarios en “CRÓNICA DE UNA HIPOGLUCEMIA NEONATAL 1ª PARTE: Nuestro piel con piel frustrado”

  1. Madre mia me has dejado helada, no se como sigue la historia pero deseando leerla, no me imagino como debiste pasarlo, tuvo que ser muy duro. Ahora ya ha pasado el tiempo y espero que todo estés mejor.
    Un besito MUAK

  2. Uff, vaya historia, se me ponen los pelos de punta. Sólo leer todo lo que tuvisteis que pasar, mejor dicho, lo que vuestro bebé tuvo que pasar, se me rompe el alma. Y encima la historia continua. Madre mía, lo siento muchísimo. Pero una cosa, se que se te rompe el alma pensando en que no pudo estar contigo sus primeros días de vida, pero tranquila que en cuanto te notó y te olió en su interior supo que siempre estarás con él.

    • ¡Hola, Ruth! Me he comido mucho la cabeza por este tema. Que no pudiéramos estar juntos sus primeros días de vida me hizo sufrir durante un tiempo. Ahora ya está superado. Lo importante es que desde que salió del hospital no nos hemos separado. Un abrazo.

  3. Como siento todo lo que nos cuentas y esa sensación y malestar con el que te has quedado… cuanto lo siento…
    Yo tengo dos hijos, niño y niña, el niño es el mayor y nació prematuro, no fue CIR, pero rompí bolsa a la 30 semana y me lo pudieron aguantar hasta la 34 porque ya corríamos bastante riesgo los dos… no pude ni acariciarlo porque nació con un distres muy grande… me dejaron ir a verlo un momento cuando estaba un poco mas estabilizado… al principio lo alimentaban con sonda nasogastrica pero enseguida pude pegarmelo al pecho, a pesar de que se cansaba me reconocía y prefería tomar leche de su mami… jajaja el caso es que estuvo 15 dias ingresado… se me hicieron larguísimos, le hicieron de todo, tuvo varios problemas… y aunque sentía un gran desconsuelo por no tenerlo conmigo y no poder abrazarlo y protegerlo… jamas he tenido ese sentimiento tan angustioso que tienes tu… yo soy enfermera, y auqnue cada vez mas, gracias a dios, se fomenta la piel con piel y todo lo mas natural posible, en mi caso yo estaba tranquila de saber que mi niño estaba en las mejores manos, y que aunque lo añoraba mucho, lo mejor para el era estar donde estaba y recibir los mejores cuidados en esos momentos tan complicados… espero que no te tomes a mal mi comentario… es mi experiencia y como yo lo he vivido…
    Yo trabajo en tocogine y pediatría… veo todos los días partos, cesáreas, y como las familias disfrutan desde el segundo 1 de sus bebes y me preguntaba por que yo no podía?… si yo lo veía todos los días… pero realmente es lo mejor para ellos cuando estan en situaciones delicadas
    Llego mi segunda hija, esta vez solo se adelanto un poco, de 37 semanas, pero tambien tuvo distres, en menor grado, y tambien estuvo ingresada, esta vez solo 5 días… me volvi a preguntar por que de nuevo no podia pasar la primera noche con ella como lo hacían las demas mamas y papas… pero en fin… asi es la vida… nos pone pruebas y tenemos que afrontarlas de la mejor manera posible…
    Yo padezco de Sindrome de sjogren y de lupus, con un neurolupus… y parece que los problemas de distres de mis hijos vienen de ahi… no me enrollo mas porque podria extenderme mucho y ya resultaria pesada… lo que quiero intentar ayudarte es que te quites esa sensación tan mala que se te ha quedado… que disfrutes de lo que tienes, que es mucho, de corazón que te lo deseo…
    Un besito wapisima!
    PD: tienes un blog estupendo!!!!

    • Eres un solete!! Me ha encantado lo que le has puesto!! Cuando contamos nuestras experiencias conectamos como mujeres y crecemos todas a una. Me sumo a tu apoyo a Rosa. Otro besito y muchos abracitos reparadores de corazon.

    • ¡Hola, guapa! Muchísimas gracias por compartir tu historia con nosotros. También debiste pasarlo muy mal, porque además te pasó con los dos peques. Por supuesto que no me tomo a mal tu vivencia, todo lo contrario te lo agradezco enormemente. Cada madre vivimos la situación de una forma diferente. Yo creo que trabajar en el sector sanitario debió ayudarte a sobrellevarlo mejor, conoces como funciona. Y bueno, la sensación de “¿por qué a mí?”, yo creo que nos pasa a todas las madres que no pudimos disfrutar de nuestros hijos nada más nacer. Un abrazo.

  4. No he leído anteriormente la historia, pero con 30 horas de parto… mucho tiempo y la preocupación que puede tener una madre cuando a su bebé le diagnostican hipoglucemia. Lo debiste pasar horrible cuando al nacer, no respiraba y se ponía azul. Me has dejado helada al leerlo.
    Estas situaciones, marcan y no todo el mundo es capaz de contarlo con tanto detalle.

    • ¡Hola, guapa! La verdad es que lo pasamos muy mal. Fue una situación muy dura, pero conseguimos sobreponernos. Un abrazo.

  5. ¡Hola!
    Ni me puedo imaginar lo que puede llegar a ser vivir una experiencia como la que os tocó vivir, primero porque no soy madre, y segundo porque aunque puedan hablarte de ello, aunque puedas leer cosas similares, si al final te pasa algo igual o parecido, hasta que no se vive no se puede llegar a entender, aunque sí empatizo totalmente con tus sentimientos.
    De verdad que no entiendo el trato que os dieron, y me refiero al tema informativo. Estuve en mis practicas de enfermería (aunque no terminé la carrera precisamente por todo lo que viví en esas prácticas, se me hicieron muy duras y como me implicaba demasiado, sufrí lo que no está escrito…) en uns hospital pedirátrico, y la verdad, me sorprende horrores el trato que tuvieron con vosotros. Ojo, no estoy diciendo que os tratasen mal, pero por lo que nos narras, y corrígeme si me equivoco, hubo un poco de desatención para con vosotros, los padres. Digo que me sorprendre porque en el que estuve yo, era primordial actuar cuando se debía, tomar decisiones si era necesario para el bien de los pequeños, pero acto seguido, obligatoriamente debíamos informar a los padres en todo momento. Vamos, si el niño hacía, y pongo un ejemplo muy “tonto”, caca, pues se informaba a los padres, no sé si me explico. Y más en casos tan delicados como son los recién nacidos, y sabiendo que esas situaciones extremas los padres estáis desubicados intentando entender qué pasa.
    Por otro lado, felicitarte por haber dado el paso en contarlo, porque no solo seguramente tus palabras podrás ayudar a muchos padres, sino porque a ti también te va a servir un poco como “terapia”, ya verás.
    Gracias por compartir tu experiencia.
    Besos

    • ¡Hola, Carolina! Yo creo que no hubo mala fe, simplemente los sanitarios dan por hecho muchas cosas a veces. A nosotros nos faltó la parte emocional, un poco más de apoyo e información. Si tengo claro que si vuelvo a quedarme embarazada no pariré en ese hospital. Y bueno, contarlo ha sido toda una terapia. Un abrazo.

  6. Uf que difícil. No quiero ni imaginarme por lo que tuviste que pasar. No poder estar con El Niño, y lo peor no saber que le pasaba y cómo iba a ser su evolución tuvo que ser terrible. Entiendo que estés enfadada con el personal médico, es lógico, pero me imagino que en todo momento en lo que pensaron es en el bienestar de tu hijo.me he quedado con la intriga de cómo terminó todo. Estaré muy pendiente de tu publicación. Ánimo y eres una valiente por contarlo, sobre todo por intentar ayudar al resto de mamás que pueden pasar por una situación similar.

    • ¡Hola, guapa! No estoy enfadada, lo que siento es tristeza. Podían haberse hecho las cosas de otra forma y no se hicieron. Ya no se puede dar marcha atrás pero si compartir esta vivencia con otras madres que estén en una situación similar. Por cierto, el post ya está publicado si quieres saber como termina la historia. Un abrazo.

  7. Rosa, te leo y se me estruja el corazon. Me imagino que lo pasaste fatal. Tu peque malito, nadie de tu familia lo sabia, los medicos no te informaban de nda, las enfermeras no sabian nada, y lo poco que te decian era informacion errada, o desactualizada… y de contra en el sitio que tu esperabas que fuera el mejor sitio para afrontar cualquier situacion de la manera mas respetada posible…

    Yo creo que las madres que tenemos un recuerdo feliz de nuestros partos y postpartos es porque hemos tenido mucha suerte. Suerte de que ese dia hubieran matronas respetuosas, suerte de haber encontrado en nuestro camino personas que nos informaran, suerte de tener a nuestras parejas al lado que hicieron valer nuestras voces, suerte de no haber tenido complicaciones (o de que en ese mometo hubiera un profesional empatico que nos las atendieran)… y es una lastima que todo para que salga bien, tenga que ser cuestion de suerte, y no al reves…

    Me alegra que hayas encontrado la forma de aceptarte, de perdonarte y de compartirlo… mirar hacia alante, y disfrutar del presente, intentando hacer lo mejor posible. Un abrazote!!

    • ¡Hola, Etna! Muchísimas gracias por tus palabras. Me reconforta leerte. Estoy contigo en que el parto muchas veces es una cuestión de suerte, aunque una busqué un hospital respetuoso, no siempre es así. Por supuesto, que este post ha sido una terapia para perdonarme y perdonar el daño. No pasa nada porque no pudiéramos estar juntos sus 4 primeros días porque lo importante es el vinculo que hemos creado él y yo desde entonces. Un beso enorme.

  8. Wow es increíble la historia, se me ha puesto los pelos de punta en la parte en la que no lloraba, creo que llegue a estar allí con vosotros viendo lo que pasaba, es increíble y me he quedado anonadada de lo que hay. Gracias por traernos está experiencia. Un beso enorme.

    • ¡Hola, Bárbara! gracias por tu comentario. El momento en que dejó de respirar fue el peor de todos con diferencia. Un abrazo.

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